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La Coctelera

CLUB DEI SINGOLI

MEDIA DÉCADA DE CLUB, 12 DE ENERO DE 2009
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Categoría: Nacidos para perder...y para contarlo

18 Agosto 2006

Acostumbro a guardar los buenos recuerdos, aquellos que cuesta dejar atrás, aquellos que uno tiene en la cabeza cuando solo unas horas antes eran algo vivo, presente, vida de verdad ante los ojos. Si hoy me explico así de triste es por esas cosas que minuto a minuto se van convirtiendo en recuerdos, alejándose en medio de lo cotidiano, deformándose en la retina para pasar a ser un episodio más, feliz, una victoria ante las desgracias de este mundo. La felicidad es un agujero si pensamos en ella en tiempo inacabado. Suena bien cuando la vemos en lo que hemos dejado, en lo que ya no está, y sobre todo en lo que ya no tenemos. Si hoy me explico triste es por pensar en las oportunidades, aprovechadas o no, en las ocasiones, perdidas o no, y en los momentos de esperanza, aquellos que a veces tanto nos faltan, pero un día te pasan por delante de tus narices. Me vais a perdonar que me guarde su nombre, que me guarde los detalles, las fechas, y esas cosas que engordan los relatos. Alguien con quien comparto el apellido dijo que la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora. A mí esta noche esta frase, pronunciada hace mucho tiempo, me sirve para justificarme un poco, y poder irme a la cama algo más decidido. Puede que tenga razón, o quizá no. O puede que un día sólo la frase sea capaz de traer su nombre a mi memoria.

M.

28 Julio 2006

Sales de casa como cada noche de fiesta, esperando no volver muy tarde porque toca 'trabajar' en el periódico. Lo mío se llama Gerontoperiodismo, o sea, atender a los viejales que se pasan por la redacción cada día para saludar a los presentes y hablar de los tiempos en los que sólo estaba la prensa del Movimiento.
Te juntas con lo peor de cada casa: ex trabajadores de El Pueblo, algunos todavía trabajadores, nuestro amigo Jesús, viene Pablo, Alberto, Diego, Orovitg, Laura, Cruz... y comenzamos a beber. Laura me explica la manera de hacer con las chicas, me confiesa que según su opinión a las chicas les gusta ponernolo difícil aun cuando también quieran algo, hay que buscar las osnrisas, comprender gestos ocultos que tienen significado. Cuando quieren algo primero dicen que no, para que lo pases mal y luego valores más lo conseguido. No entiendo ni una palabra, y Orovitg a mi lado lo mismo. Al poco tiempo Laura dice que se va porque está cansada, y todos aplicamos su teoría: no está casnsada, no se quiere ir, sino que se hace de rogar, kiere que le pidamos quedarse; según su teoría lo está poniendo difícil, un no es un sí, y al revés, o no, o quizá sí. La despedimos y despedimos a Cruz, que se va por Europa a visitar santuarios marianos, y nos kedamos sólo los chicos, que comenzamos un debate interesante sobre nuestros gustos, hasta que me preguntan a mí: ¿Tu que eres, de culos, o de tetas? confieso que soy de tetas, pero de culos también, y ellos opinan parecido. Recordamos entonces a una compañera del diario que estaba muy bien de delantera, pero no tan bien de culo. Comento -mientras el alcohol empieza a hacer efecto- que era 'culo galleta', pero Pablo tiene un término mejor 'Culo Doberman'. Seguimos bebiendo y cambiamos de bar, llegamos a un desértico Cassidys, donde la gente empieza a llegar a las cinco. Aparecen dos góticas que Jesús y yo conocíamos de vista, y Jesús se lanza a la caza, pone tres delanteros y ya está. Las góticas parecen muy jóvenes, lo que a veces no nos gusta. Jesús habla sin poara con la rubia, mientras la morena, toda vestida de negro, mira hacia la puerta sin parar. jesús me lanza miradas para que me una al hasta entonces trío, pero prefiero pedir otra pinta de heinekken. Los demás empiezxan a huir, nos quedamos solos Jesús, Orovitg, Alberto y yo, que insisto en que no podemos dejar solo a Jesús. A estas alturas llega el desmierde. Me uno a las chicas, AUN SIN NIGUNA FE, PERO QUERINEDO APARENTAR QUE SÍ LA TENGO. Me acuerdo de Stalingrado, de los oficiales nazis, que debían de poner buena cara mientras pensaban por dentro que andaban hacia una derrota segura. Dirían: vamos muchachos, que los rusos son nuestros, pero sabían por dentro que era al revés, y que Adolf les había metido en un buen fregao.
Jesús me presenta como un chico que se está preparando para policía local, y la chica rubia (Beatriz) me pide que no la detenga en un futuro, ke nos llevemos bien. Alucinante. La otra parece abstarida, es una gótica llamada Rocío muy metida en el papel, de negro y blanquecina, que mira a la puerta continuamente, imagino que vigilando que no entre Buffy Cazavampiros.
Permanezco junto a Orovitg y no hablo nada con las góticas, aunque Jesús y la rubia son los únicos que hablan. Me dedico a beber, a mirar los bailes de Orovitg, a pensar en el gerontoperiodismo, a recordar la primera vez que vi el mar (porqué no).
Llega el mazazo: tiene novio. Jesús pierde el tiempo dándole el número de móvil, y ella le confiesa que "cuando digo que tengo novio todos me dan de lado". Piensa un poco, gótica. Jesús entiende que ha llegado el momento de marcharnos. Hay esperanza, pero no para nosotros. Estamos hechos para otras cosas, como hacer el payaso o llamar, insultar y colgar, o para escupir desde el balcón, pero no para ligar con góticas quinceañeras que se morirían por vivir en Transilvania.
Acabamos comiendo pizza en u parque, nos reencontramos con Alberto, intentamos sonsacarle algo sobre el amor a Orovitg, pero no suena la flauta.
Me voy a casa a las 6:25 de la mañana, clareando el cielo, solo por el paseo de la feria, camino a mi dulce lecho. Me pongo el mp3, suena Eric Burdon y los Animals, y a la vez pienso en el trabajho de mañana, en la rueda de prensa que va a dar el excantante de Los Caños junto a su hermana Shara, a la par pareja musical conocida como Kiko & Shara. Pienso en qué hice mal para terminar así, y en que Shara no está nada mal en las fotos de la página web, es de mi estilo, porque soy más de tetas. Llego a la avenida de los toreros y me paro en el semáforo. Me viene a la memoria una canción de Chavela, aquella que decía que el amor es mentira, y te deja al final con las manos vacías. Me doy prisa para no perder más tiempo de sueño, hago repaso de la noche, me meto en la cama, y me levanto a las tres horas. Las encías me duelen, tnego infección, y no tengo tiempo para la ducha. UN desmierde. Voy a la redacción y entrevisto a un veterano que ha hecho una investigación sobre el modelo pedagógico de Franco. Hago tiempo hasta la hora de comer pasando la entrevista, vuelvo a casa con los Animals en las orejas, y pienso en lo que voy a escribir. recuerdo que Pablo dijo que hay tipos que les gusta echar un polvo no por el momento de echarlo, sino por acordarse después y rememorarlo. Un desmierde.

26 Julio 2006

caballo de troya

Era un día como otro de trabajo. Realmente no suelen ocurrir muchas cosas emocionantes cuando estás metido en un departamento en el cual no tienes apenas contacto con el mundo exterior. Por suerte tienes a tus compañeros que hacen que tu trabajo precario sea más ameno. Esa tarde, un par de mis compañeros fueron a tomarse algo al bar de enfrente acompañados de una muy guapa becaria. Yo me quede en mi puesto de trabajo, sentado frente al ordenador. Al cabo de una hora veo que suena el teléfono que está situado a la izquierda de mi ordenador. En el monitor (o display) del teléfono puedo leer que es de la redacción. Lo descuelgo y era mi compañero de trabajo que acababa de regresar de la cafetería. Me dice que vaya inmediatamente, que tiene que contarme algo. Acudí a su llamada. Estaba junto a otro compañero y se estaban riendo bastante. Pregunto qué ocurre. Yo ya sospechaba que era algo relacionado con mujeres. Mi compañero me dice que como había ido a tomar un café con la becaria, esta le comentó una serie de detalles sobre su vida.

Esta becaria era una chica joven, entre los 22 y 25 años y se llamaba Liliana. Con ese nombre, se te vienen a tu degenerada mente a que actividades suele ir ligado ese nombre y sabes que lo has visto impreso en decenas de páginas de contactos de la prensa diaria. Pero eso no significa que esta chica, que trabaja en la misma empresa que tú y que está sufriendo la precariedad en sus propias carnes, tenga que estar involucrada en ciertas faenas. De pequeña, el día de su comunión, sufrió un duro trauma que hasta el día de hoy le sigue persiguiendo. En las típicas fotografías de comunión, al parecer, le sentaron junto a una yegua. Imaginaros la estampa, ella sentada con su traje de comunión, blanco e impoluto y de fondo una yegua. Qué hermosa fotografía para estar colgada en el salón de casa de sus padres. Pues justo en ese momento, en milésimas de segundos, un caballo fue por detrás de la yegua y… sí, se le encaramó encima de la yegua. Estos equinos empezaron a aparearse. Empezaron, continuaron y terminaron de aparearse bajo la atenta, inocente y pura mirada de la pequeña Liliana. Observó todo en su plenitud.

Lo que no sabía es que en un futuro esa estampa le iba a dejar duras secuelas. Y así lo manifestó ella mientras que tomaba su café. Al parecer cada aparato reproductor que ve de un chico le parece pequeño después de lo que vio. Que no se queda todo lo satisfecha que ella desearía. Estimada amiga Liliana, si lo que tu buscas es un tamaño igual, hazte a la idea que no podríamos llevar ni calzoncillos, ni pantalones vaqueros y ni mucho menos pantalones cortos. Es más, no digas que buscas ciertos tamaños porque la mayoría de chicos nunca alcanzarán ese tamaño, ni tan siquiera la mitad así que no nos causes complejos y da gracias a dios que tu vestido de comunión saliera casto y puro de esa escena que presenciaste.

¡Me cago en diez!

28 Junio 2006


Ahí estaba yo. En la noche de San Juan, en el interior de los Redondeles de la Feria observando como actuaban sobre el escenario el grupo musical “Esmeralda”. Compuesto por dos chicos de pelo largo y tres espectaculares chicas, dos rubias y una morena. Acompañado por una pareja de novios amigos míos, me vi rodeado de jubilados bailando, de jubilados de un mismo sexo bailando juntos, de chicos y chicas que están al borde de la edad del pavo y de más parejas, novios, amantes y matrimonios que hacían todo lo posible para intentar llevar un ritmo y aquellos que no lo conseguían se quedaban de brazos cruzados mirando al escenario. Entre cumbias, salsas y pasodobles orquestados por “Esmeralda”, de pronto me vi a mi mismo rodeado de gente pero a la vez solitario y mirando las hojas de los árboles que estaban entorno al escenario. Realmente no sé que pintaba allí. Otro San Juan solo, otra fiesta de mi ciudad que me invita a mirar a mi alrededor y a cuestionarme hacia donde he de dirigir mis pasos y no perderme en la nada.

Este San Juan ha estado precedido de unos acontecimientos que empezaron esta semana y que invitan a decir “Sí se puede”. Marcados por una fecha que me recordó un programa de radio nocturno mientras yo intentaba conciliar el sueño a altas horas de la madrugada. 71 años que nuestro amigo y gran cantante Carlos Gardel nos dejó un 24 de Junio, dejando como legado su voz.

“La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciernagas curiosas que verán
que eres mi consuelo.”

Porque es cierto, lo complejo de los sentimientos, de conseguir ser correspondido. Porque en muchas ocasiones cuando eres celoso de alguien al que no tienes a tu lado todavía realmente se convierte en un problema. Crees que tu amigo (el cual una noche te confiesa que está empezando a descubrir sentimientos hacia la chica por la cual tú estabas detrás de ella) que por el hecho de pasar él y ella parte de la noche juntos va a ser capaz de intentar hacer algo. No lo sabes. Por un momento preferí que no me dijeran nada antes de empezar mi velada con la orquesta “Esmeralda”. Probablemente sea cierto que la ignorancia (en muchos casos) da la felicidad. Pues esa noche hubiera deseado ser el más ignorante y estúpido de todas las personas que estaban en el recinto ferial. Pero ya se estaba encargando este amigo mío de hacerme sentir el más estúpido del mundo. Estaba contribuyendo firmemente a la causa. Ahí estaba yo.

Pero como buen celoso, caeré en la trampa de esta chica a la cual por un momento me diré a mi mismo “ahora es demasiado tarde princesa” y en cuanto abra la boca ahí estaré yo como un perrito, como ese oso de peluche que una chica desea tener antes de que te diga “no, te prefiero como amigo”. En cambio a mi amigo, lo miraré y pensaré “cómo has podido”, pese a que desconozca si ha ocurrido algo entre ellos dos.

Deseando que llegue ya el verano para irme de vacaciones y perder de vista a estos dos que hacen que cada día que entro por la puerta de mi trabajo hacen que me ponga una careta, cansado de fingir que todo va bien, que no me afectan las cosas. Basta.
Y ahí estaba yo amenizando mi cabeza tras dejar de pensar en qué está sucediendo y qué debo de hacer. Es hora de ir a dormir, no sé porque estoy escuchando al Arrebato con su canción progre “Búscate un novio que te quiera, que te tenga bien llenita la nevera”. No es la canción apropiada para hogar mis penas. Hecho de menos a Paco, Silvio y Joaquín. Me voy a casa que mañana será otro día.

Y a ti, estimada Eva que sábado tras sábado te veo en el Santos, que deslumbras a todos los clientes que están al otro lado de la barra con tu asombrosa mirada, decirte que te animes a escribir. Que la propuesta de los patines no está nada mal y por lo tanto lo anotaremos, pero lo anotaremos para tenerlo en cuenta el día de tu cumpleaños (el cual desconozco) y, por favor, no me eches de nuevo en cara lo de los mojitos en Cuba. Fueron factores externos los que me llevaron por un camino que, quizás, no fue el correcto.

CLUB!!

Jesús Molina

19 Junio 2006

Esperaba el autobus en la parada entre veterinaria y medicina, un enclave perfecto para disfrutar de buenas vistas. Sin embargo era bastante tarde ya, algo así como las nueve de la noche, y sólo había una chica en la parada, con los cascos puestos y un libro enorme sobre anatomía comparada. Comparando yo su anatomía con la mía tuve la impresión de ke andábamos a la par en la desproporción o en la torpeza.
Nadie habla ya en este mundo individualista, pero ella iba a tomar la palabra en varias ocaisones: Primero soltó un 'quéeee frio', luego un 'hace mucho frio' y luego un 'teeengo frio'. Demasiado frío, es verdad, para ser mayo. No era española, y me acordé de Jose Alberto. Hubiera hecho amistad de venir sin gafas. O era una mentirosa o tenía frio de verdad. Lo siguiente que me dijo, ante mi poca ilusión por abrigarla, fue "¿puedo hacerte una pregunta?". Evité contestar que aquello era una pregunta, así que le dije que sí, que hiciera la pregunta famosa: "¿Qué son los acordes"? Desde luego no era estudiante de piano. Le expliqué que un acorde era un conjunto de notas tocadas a la vez, en armonía, o algo así. No sé si me entendió, pero por si yo era un curioso me explicó porqué lo preguntaba: "Es una canción que escucho, que dice 'voy donde me llevan los acordes'.
El Arrebato. Estaba escuchando El Arrebato. Tal nivel me hizo pensar en ir andando a Murcia; total, son ocho kilómetros, pero en silencio.

El bus llegó y motivó una despedida que vino como el agua de mayo. Adios, chica del arrebato. Sigue estudiando anatomía comparada y escuchando música apasionante. Pero no.Me siento atrás, y viene hasta mi asiento. Estoy perdido. Más preguntas. Me pregunta por mi libro, el que acabo de sacar para tener algo que hacer. Le digo que es un libro raro, esperando que me tome por un pervertido o algo así. Se pone a explicarme lo mucho que le gusta Paulo Coelho, cosa que no me extraña. Me bajaré antes, pienso, porque lo próximo será hablar del Código Da Vinci. Aleluya, la llaman por el móvil, uno de esos con 3G por el que se puede ver a Buenafuente. Habla en su verdadero idioma, inglés creo. Parece entusiasmada, habla durante seis minutos y luego se pone a contarme la llamada. Me dice ke no quiere aburrirme, pero sin embargo lo hace. Me cuenta la llamada de su 'amigo' -eso me dijo- y me cuenta que es´tá de monitor en un campamento de la sierra de Madrid. Una conversación apasionante. Rezo porque su amigo monitor no haya ligado ya -será cuestión de tiempo en un campamento- y la vuelva a llamar. Faltan diez minutos para la parada. Los diez minutos mas largos de todo el curso. Me toca bajarme. Se despide efusivamente, casi le falta darme dos besos. Le digo adios y me dice ke se llama Kathren. El katrina, vaya. Camino por la calle en paralelo al autobus, y todavía la veo saludar con el brazo. No he sido simpático, y sin embargo parece ke se esté despidiendo de su hermano.Adios chica katrina, otro se sentará en mi lugar otro día, quizá cuando ya sepas que tu amigo ha ligado en el campamento. Se lo contarás todo como amí, y quizá se convierta en un nuevo amigo. Quizá también vaya de campamentos, y lo vuelvas a perder. Piensa en verde, chica katrina, pues cada día subimos cientos a cada autobus. Los acordes del arrebato te llevarán de un sitio para otro, envejeciendo y ocultando frustraciones. Yo me quedo con las mias, escuchando a Johnny Winter, y contando los días que faltan para un verano que no quiere despertar.

15 Junio 2006


Nos tenemos que remontar al verano pasado, vísperas de un 26 de Julio, Fiesta Nacional de Cuba. Dos albaceteños decidimos emprender rumbo a la Habana para poder pasar allí siete días. Allí coincidiríamos con otro grupo de albaceteños que ya conocíamos y que llevaban una semana en la capital cubana.

Tuvimos la suerte que conocimos al cabo de un par de noches a dos jóvenes chicas cubanas en el Malecón al son de una pareja de muchachos, uno con una guitarra, que iban paseando entorno al Malecón y cantando al gran Silvio Rodríguez. Estas chicas se llamaban Dayana y Yenis.
Dayana, una joven de 18 años a punto de comenzar la universidad, se mostraba muy extrovertida y fue con la que hice más "migas" en ese instante.
Yenis era una chica cubana de 26 años que trabaja en una agencia de viajes de Cuba. Menos extrovertida que la anterior, pero no por ello menos simpática.
Se encontraban sentadas al lado de nuestro nutrido grupo de albaceteños. No tardaron en irse el resto de paisanos para poder dejarnos a solas con ellas. Allí empezamos a contarnos nuestras vidas y cómo y por qué habíamos decidido llegar hacia esta preciosa isla caribeña. Tardamos en marcharnos pero ya nos encargamos ambos de facilitarnos todos nuestros datos para poder vernos al día siguiente.

Al amanecer nos dimos cuenta que ya estábamos en el día 26 de Julio. Festivo y momento en el que Fidel Castro procediera a lanzar su habitual discurso. Decidimos ver el discurso, al principio Fidel Castro dijo que sería breve. Y lo fue, cuatro horas de discurso que vimos respetuosamente en la habitación de nuestro hotel puesto que este año Fidel Castro haría el discurso en el Teatro Karl Marx y no en la Plaza de la Revolución ante la atenta mirada de José Martí.

Al término del discurso llamamos por teléfono a nuestras dos amigas cubanas y decidimos quedar de nuevo en el mismo lugar de la pasada noche. Otra noche más de charlas y de paseos que nos sirvió para conocer aún mejor la capital. Pero lo que no sabíamos es que al día siguiente, Cuba iba a depararnos un par de sorpresas.

Amanece, mi amigo decide madrugar para ir a tomar el desayuno gratuito que nos ofrecía el hotel. Yo preferí seguir durmiendo. Esa mañana no salimos del hotel. Cuando llegó la tarde decidimos contactar con un joven cubano llamado Giovanni. Este contacto nos lo facilitó un compañero de trabajo. Debíamos darle una mochila repleta de cosas que le enviaba su familia que vive en Albacete. Decidimos quedar en la Plaza de Armas. Allí nos estaba esperando. Un atleta cubano masón de 27 años que estaba completamente salido. Las mujeres eran su perdición. Nos dimos cuenta de esto último porque para agradecernos que le lleváramos lo que le enviaban desde España, nos enseñó sitios en los que todavía no habíamos estado en la Habana y de paso fue piropeando a cada muchacha que pasaba por su lado. Nos explicó un poco su filosofía de la vida… intentó convencernos de que Cuba estaba plagada de masones, que el pertenecía a una fraternidad masónica, que si alguna vez si liara con una "chica" y descubriera que lo que tiene entre las piernas no es lo que esperaba él, sino que tienen más cosas en común de lo que él esperaba, lo mataría… De paso aprovechó para ir parando por cada cafetería y así ir ya emborrachándonos a base de mojitos y de cerveza "bucanero".
Nos despedimos. Íbamos muy borrachos mi amigo y yo. Estábamos perfectamente a más 6 km. de nuestro hotel. Pero como íbamos tan borrachos no calculamos bien las distancias y decidimos emprender el camino de regreso a pata por todo el Malecón. A poco menos de medio camino recorrido escucho "chiis, chiis". Nos estaban llamando dos chicas cubanas preciosas. Yo acudí hacia ellas como si se tratasen de cantos de sirenas. Nos preguntaron nuestros nombres, ellas nos dijeron los suyos. Y nos liaron. Eran hermanas. Nos hicieron invitarlas (de nuevo) a unas cervezas. Cuando estábamos a medio de la cerveza va y me dice la chica que se había acomodado conmigo: Entonces… ¿te apetece un poco de "mete-saca-chupa" conmigo? Respondí que sí con mi voz balbuceante fruto del alcohol. A todo esto mi amigo intentó por un momento ser la voz de la razón. Les dijo que no podía ser, que habíamos quedado dentro de media hora con unos compañeros españoles… entonces la que se le había acoplado a él le preguntó "¿qué estudias?" Y respondió "Derecho", entonces la mía se rió y dijo "Mira, igual que tú Leire, así pueden hablar ustedes dos de leyes". Decididos en que nos apetecía practicar eso que llamaban "mete-saca-chupa", Leire fue en busca de una casa para que pudiéramos estar a solas. No fuimos al hotel puesto que no les iban a dejar pasar a ellas. Al cabo de unos minutos regresó y dijo que ya había encontrado una casa pero que debíamos pagar unos 10 euros a modo de alquiler. Llegamos a la casa. Allí nos esperaba el dueño al cual le dimos la cifra estipulada. Pasamos. Tenía dos plantas. No penséis que era una mansión. La planta de abajo era la cocina y salón sin paredes y arriba había una triste y cochambrosa cama no mucho más grande que una de matrimonio. Apenas sin luz. Leire (la chica de mi amigo) dijo que puesto que sólo había una cama propuso que estuviéramos los cuatro ahí metidos. Mi chica se negó y yo también porque me daba más morbo el estar con ella en esa cocina-salón apoyados en el taburete de la cocina. Bajamos escaleras para abajo ella y yo y sucedió lo que tenía que pasar. Evidentemente nadie en la planta de arriba habló de leyes sobre esa cama destartalada.
Ya nos despedimos. Las chicas dijeron que nos esperarían al día siguiente en el mismo lugar que nos encontramos. No fuimos. Lo único que recuerdo de mi chica era que tenía 27 años. No recuerdo nada más, ni siquiera su nombre.

Emprendimos camino de nuevo a lo largo de todo el Malecón. Todavía seguíamos borrachos. Llegamos al hotel. Nos duchamos. Dentro de una hora nos esperaban nuestras amigas Dayana y Yenis.

Acudimos a nuestra cita. Pasamos una noche ya más tranquila con ellas, hablando, paseando… hasta que de repente la Policía Cubana nos para. Nos pide primero a nosotros la documentación. Se la enseñamos. Todo en orden. Se las pide a ellas. Habla por radio con la central y aún viendo que desde la central les dice que están "limpias", viene un coche policía y se las llevan con la única explicación de que se las llevaban a la Comisaría Zapata C. Eran cerca de las 2 de la madrugada. Inmediatamente cogimos un taxi. En cuanto le dijimos al taxista que nos llevara a "Zapata C", nos preguntó que qué habíamos hecho. Le explicamos todo lo ocurrido mientras nos llevaba. Creo que nos estaba siguiendo la historia como a dos idiotas porque daba la sensación de que no se creía nada.

Llegamos a la Comisaría. Bajamos del taxi y en la entrada un guardia nos retiene. Nos pide explicaciones de por qué queríamos entrar. Dijimos que se habían llevado a dos amigas arrestadas sin motivos y nos dejó pasar. La comisaría era escalofriante. Enorme y a la vez vacía de cualquier elemento decorativo. Únicamente lo imprescindible. Había un mostrador. Dentro de el un policía. Me dirijo hacia él para hablarle. Le cuento lo sucedido. Sale del mostrador, se mete por una puerta. Al cabo de un minuto sale acompañado de un hombre. Era como el típico policía blanco de las películas americanas: delgado, pelo despeinado, con un cigarro en la boca, media camisa por fuera y la otra mitad por dentro del pantalón, barba de un par de días, y con la mirada cansada, como de estar harto ya de su trabajo. Era el Comisario Jefe. Nos empezó a interrogar. Un interrogatorio en el cual buscó que nos contradijéramos. Dijimos la verdad. Dijimos que ellas no eran prostitutas. Que eran dos amigas y que por ese motivo habíamos ido a la comisaría, para decirles que se estaban equivocando. El interrogatorio terminó con una terrible frase. "Márchense. Ya no volverán a verlas más". Nos quedamos helados. La única solución que se me ocurrió fue llamar por teléfono a un compañero de 30 años de Albacete que estaba en la Habana, miembro del PCE. Me dijo que me tranquilizara, que enseguida iba para allá. Y así fue. Al cabo de 20 minutos llegó. Nos dijo que nos dejará hablar a él. Se dirigió hacia el Policía del mostrador y le enseñó el carnet del PCE y que quería hablar con el Comisario Jefe. El del mostrador salió corriendo a avisar al comisario. Salieron los dos de nuevo por la puerta y entonces mi amigo del PCE le enseñó de nuevo su carnet y le explicó lo sucedido. No hubo interrogatorio, no hubo frase escalofriante, hubo la mejor frase que podíamos haber escuchado, que al cabo de una hora ellas estarían fuera. Que se habían equivocado, que lamentaban el error, que esa noche ya habían divisado a unos cuantos turistas con unas prostitutas y que esta vez habían pensado lo mismo.

Cerca de las 5 de la mañana, llegamos al hotel. Sin ganas de más fiestas. Al abrir la puerta de la habitación, debajo de la puerta encontramos una nota de la recepción del hotel de aviso de llamada en la cual podía leerse "Soy Dayana. Yenis y yo estamos bien y en casa".
No pretendo alargarme mucho más. Simplemente terminar este relato diciendo que Dayana y Yenis fue lo mejor que nos pudo pasar en la Habana. Entre las millones de anécdotas que trajimos mi amigo y yo, coincidimos plenamente que sin ellas, el viaje no hubiera sido lo mismo. No ocurrió nada entre ellas y nosotros. Simplemente eso que se llama amistad. Una amistad que sirvió para que ellas pasaran casi todos los días con nosotros a cambio de nada, una amistad que sirvió para que la última noche que estuvimos allí nos invitaran a cenar con lo que supone para una economía como es la de un cubano. Sirvió para brindarnos un sentido abrazo dos horas antes de partir hacia el aeropuerto y de decirnos un "Hasta pronto".

Jesús Molina

14 Junio 2006

Alguien dijo alguna vez que la mejor terapia para el olvido es el odio. Que si ella se va, se debe cuidar de nosotros, porque le declararemos el odio y la guerra. Pero sabes, al final suele pasar que el odio es bastante aburrido, porque además no se lo cree nadie. Quiero decir que a ella no le afecta que el taladro de nuestra mirada le traspase, porque no se siente culpable. Así que al final uno decide olvidar, y tirar palante, seguir en el camino y la búsqueda, hacer repaso de lo que hemos andado, quedarnos con lo bueno, y tirar lo malo. Ella crecerá -yo espero que no mucho más- se casará y tendrá hijos. Será la mujer responsable que todos quisieron y quizas yo también sea el hombre responsable que todos quieren, no lo sé. La ciudad seguirá imparable, frenética...y nosotros perdidos en ella buscando quién sabe qué... Yo qué sé qué será de nosotros, pasaran tantas y tantas cosas¨

Esto lo escuché en directo, a un cantautor, hace algunos años. Luego alguien lo grabó y llegó a mis manos. Siempre me reconforta leerlo o escucharlo. Va por todos vosotros y vosotras. Desde el Club

5 Junio 2006


Poco a poco uno se da cuenta de lo que le rodea y el entorno y sus circustancias te van advirtiendo con frases (dignas de analizar friamente) del rotundo fracaso que se avecina. Realmente nunca aspiré a llegar muy alto, por lo tanto mi caída no debería ser muy grande pero factores externos a mi me indican que el fin se avecina. Terribles frases que salen de la boca de mis amigos y compañeros de trabajo. Todos opinan, todos me aconsejan y todos esos consejos son distintos al anterior. Contradicciones en muchas ocasiones que al final acaba manifestándose en mi estado de ánimo. ¿Por qué no le dices nada? Es tu amiga y lo entenderá. Sois los suficientemente adultos para poder llevar esta situación. No tienes nada que perder, "EL NO YA LO TIENES". O también otra frase que me hace bastante gracia: "ELLA SE LO PIERDE". Cuando en realidad el que está saliendo perdiendo soy YO: PERDIENDO MI SALUD, MI SUEÑO, MI CORDURA... MI DIGNIDAD... En mis 22 años de vida y en lo que me concierne a temas de "amor", estas dos frases han sido el indicador que mis sentimientos hacia una chica no iban a ser correspondidos. Y es que es cierto, porque cuando sueles ver las cosas claras no te molestas en estar quebrándote la cabeza tu solo las 24 horas del día. No sueles darle la paliza a tus amigos. NO. En cambio, cuando ves una "nube negra" con esa chica, ahí es cuando empiezan tus "19 días y 500 noches". Te rodeas de amigos y aprovechas para que te presten sus mejores consejos. Y acompañados de esos consejos lamentablemente se cuelan las frases anteriormente mencionadas. Y es que no lo tienes nada claro porque sabes que es un NO. Un NO porque tus amigos se encargan de vaticinar que va a ser NO. En todas las veces que mis amigos me han dicho: "EL NO YA LO TIENES" y/o "SI NO, ELLA SE LO PIERDE", intuía que el fracaso estaba más cerca. Y NO me equivocaba. Mis temores se hacían realidad al cabo de unos días. Y es que hacía ya un par de años que no escuchaba estas frases en boca de mis amigos y ahora precisamente las estoy escuchando en distintos intervalos de tiempo. Todo viene porque existe una chica que se está encargando de robarme el sueño, de verla constantemente y no saber que decir y cuando hablo, mi mente ya se encarga de medir bien las palabras. Evidentemente estas dos funciones utilizadas a la vez (medir palabras a la vez que las voy soltando) provocan en mi un lígero tartamudeo. Dice una leyenda urbana que las chicas ya saben cuando les estás empezando a gustar. Entonces en mi caso, esta chica debe estar enterada más que de sobra. Viendo y analizando mis precedentes... todo me dice que va a ser un fracaso ya anunciado y que tarde o temprano me llevaré ese palo inevitable. Quizá podría quedar como un "ESPAÑOL" e irme sin decir nada a ella sobre mis sentimientos, que piense si en elgún momento me gustaba ella... Pero creo que esa duda entonces me la traspasaría a mi mismo y me diría "¿Qué hubiera ocurrido si se lo hubiese dicho?" Por suerte o por desgracia, siempre me quedará la frase "TE PREFIERO COMO AMIGO" Más que nunca ... CLUB!

Jesús Molina

jesusmolivale@hotmail.com