Esperaba el autobus en la parada entre veterinaria y medicina, un enclave perfecto para disfrutar de buenas vistas. Sin embargo era bastante tarde ya, algo así como las nueve de la noche, y sólo había una chica en la parada, con los cascos puestos y un libro enorme sobre anatomía comparada. Comparando yo su anatomía con la mía tuve la impresión de ke andábamos a la par en la desproporción o en la torpeza.
Nadie habla ya en este mundo individualista, pero ella iba a tomar la palabra en varias ocaisones: Primero soltó un 'quéeee frio', luego un 'hace mucho frio' y luego un 'teeengo frio'. Demasiado frío, es verdad, para ser mayo. No era española, y me acordé de Jose Alberto. Hubiera hecho amistad de venir sin gafas. O era una mentirosa o tenía frio de verdad. Lo siguiente que me dijo, ante mi poca ilusión por abrigarla, fue "¿puedo hacerte una pregunta?". Evité contestar que aquello era una pregunta, así que le dije que sí, que hiciera la pregunta famosa: "¿Qué son los acordes"? Desde luego no era estudiante de piano. Le expliqué que un acorde era un conjunto de notas tocadas a la vez, en armonía, o algo así. No sé si me entendió, pero por si yo era un curioso me explicó porqué lo preguntaba: "Es una canción que escucho, que dice 'voy donde me llevan los acordes'.
El Arrebato. Estaba escuchando El Arrebato. Tal nivel me hizo pensar en ir andando a Murcia; total, son ocho kilómetros, pero en silencio.

El bus llegó y motivó una despedida que vino como el agua de mayo. Adios, chica del arrebato. Sigue estudiando anatomía comparada y escuchando música apasionante. Pero no.Me siento atrás, y viene hasta mi asiento. Estoy perdido. Más preguntas. Me pregunta por mi libro, el que acabo de sacar para tener algo que hacer. Le digo que es un libro raro, esperando que me tome por un pervertido o algo así. Se pone a explicarme lo mucho que le gusta Paulo Coelho, cosa que no me extraña. Me bajaré antes, pienso, porque lo próximo será hablar del Código Da Vinci. Aleluya, la llaman por el móvil, uno de esos con 3G por el que se puede ver a Buenafuente. Habla en su verdadero idioma, inglés creo. Parece entusiasmada, habla durante seis minutos y luego se pone a contarme la llamada. Me dice ke no quiere aburrirme, pero sin embargo lo hace. Me cuenta la llamada de su 'amigo' -eso me dijo- y me cuenta que es´tá de monitor en un campamento de la sierra de Madrid. Una conversación apasionante. Rezo porque su amigo monitor no haya ligado ya -será cuestión de tiempo en un campamento- y la vuelva a llamar. Faltan diez minutos para la parada. Los diez minutos mas largos de todo el curso. Me toca bajarme. Se despide efusivamente, casi le falta darme dos besos. Le digo adios y me dice ke se llama Kathren. El katrina, vaya. Camino por la calle en paralelo al autobus, y todavía la veo saludar con el brazo. No he sido simpático, y sin embargo parece ke se esté despidiendo de su hermano.Adios chica katrina, otro se sentará en mi lugar otro día, quizá cuando ya sepas que tu amigo ha ligado en el campamento. Se lo contarás todo como amí, y quizá se convierta en un nuevo amigo. Quizá también vaya de campamentos, y lo vuelvas a perder. Piensa en verde, chica katrina, pues cada día subimos cientos a cada autobus. Los acordes del arrebato te llevarán de un sitio para otro, envejeciendo y ocultando frustraciones. Yo me quedo con las mias, escuchando a Johnny Winter, y contando los días que faltan para un verano que no quiere despertar.