caballo de troya
Era un día como otro de trabajo. Realmente no suelen ocurrir muchas cosas emocionantes cuando estás metido en un departamento en el cual no tienes apenas contacto con el mundo exterior. Por suerte tienes a tus compañeros que hacen que tu trabajo precario sea más ameno. Esa tarde, un par de mis compañeros fueron a tomarse algo al bar de enfrente acompañados de una muy guapa becaria. Yo me quede en mi puesto de trabajo, sentado frente al ordenador. Al cabo de una hora veo que suena el teléfono que está situado a la izquierda de mi ordenador. En el monitor (o display) del teléfono puedo leer que es de la redacción. Lo descuelgo y era mi compañero de trabajo que acababa de regresar de la cafetería. Me dice que vaya inmediatamente, que tiene que contarme algo. Acudí a su llamada. Estaba junto a otro compañero y se estaban riendo bastante. Pregunto qué ocurre. Yo ya sospechaba que era algo relacionado con mujeres. Mi compañero me dice que como había ido a tomar un café con la becaria, esta le comentó una serie de detalles sobre su vida.
Esta becaria era una chica joven, entre los 22 y 25 años y se llamaba Liliana. Con ese nombre, se te vienen a tu degenerada mente a que actividades suele ir ligado ese nombre y sabes que lo has visto impreso en decenas de páginas de contactos de la prensa diaria. Pero eso no significa que esta chica, que trabaja en la misma empresa que tú y que está sufriendo la precariedad en sus propias carnes, tenga que estar involucrada en ciertas faenas.
De pequeña, el día de su comunión, sufrió un duro trauma que hasta el día de hoy le sigue persiguiendo. En las típicas fotografías de comunión, al parecer, le sentaron junto a una yegua. Imaginaros la estampa, ella sentada con su traje de comunión, blanco e impoluto y de fondo una yegua. Qué hermosa fotografía para estar colgada en el salón de casa de sus padres. Pues justo en ese momento, en milésimas de segundos, un caballo fue por detrás de la yegua y… sí, se le encaramó encima de la yegua. Estos equinos empezaron a aparearse. Empezaron, continuaron y terminaron de aparearse bajo la atenta, inocente y pura mirada de la pequeña Liliana. Observó todo en su plenitud.
Lo que no sabía es que en un futuro esa estampa le iba a dejar duras secuelas. Y así lo manifestó ella mientras que tomaba su café. Al parecer cada aparato reproductor que ve de un chico le parece pequeño después de lo que vio. Que no se queda todo lo satisfecha que ella desearía. Estimada amiga Liliana, si lo que tu buscas es un tamaño igual, hazte a la idea que no podríamos llevar ni calzoncillos, ni pantalones vaqueros y ni mucho menos pantalones cortos. Es más, no digas que buscas ciertos tamaños porque la mayoría de chicos nunca alcanzarán ese tamaño, ni tan siquiera la mitad así que no nos causes complejos y da gracias a dios que tu vestido de comunión saliera casto y puro de esa escena que presenciaste.
¡Me cago en diez!
26 jul 2006 | 12:19 PM
Amigo, amigo amigo
¿no será que ha probado poco esta chica con nombre sugerente?
Recomiendo una cosa: cuando una chica insinue que el miembro viril es demasiado (grande o pequeño) por comparación o por mala gaita, será mejor dedicarse a otros menesteres más laudables, uséase, dale que te pego perico a la lengua
Y adiós lastres de la infancia, adiós complejos y HOLA
orgasmos indefinidos, que a las chicas las lenguas siempre las pillan a traspiés.
De todas formas, el actor secundario os recomienda precaución, que hay de cada bestia por ahí, con unas enormes y deliciosas, uy, quiero decir, grandes y descomunales, uy, quiero decir, suaves y nervudas,
uy
debo irme