Acostumbro a guardar los buenos recuerdos, aquellos que cuesta dejar atrás, aquellos que uno tiene en la cabeza cuando solo unas horas antes eran algo vivo, presente, vida de verdad ante los ojos. Si hoy me explico así de triste es por esas cosas que minuto a minuto se van convirtiendo en recuerdos, alejándose en medio de lo cotidiano, deformándose en la retina para pasar a ser un episodio más, feliz, una victoria ante las desgracias de este mundo. La felicidad es un agujero si pensamos en ella en tiempo inacabado. Suena bien cuando la vemos en lo que hemos dejado, en lo que ya no está, y sobre todo en lo que ya no tenemos. Si hoy me explico triste es por pensar en las oportunidades, aprovechadas o no, en las ocasiones, perdidas o no, y en los momentos de esperanza, aquellos que a veces tanto nos faltan, pero un día te pasan por delante de tus narices. Me vais a perdonar que me guarde su nombre, que me guarde los detalles, las fechas, y esas cosas que engordan los relatos. Alguien con quien comparto el apellido dijo que la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora. A mí esta noche esta frase, pronunciada hace mucho tiempo, me sirve para justificarme un poco, y poder irme a la cama algo más decidido. Puede que tenga razón, o quizá no. O puede que un día sólo la frase sea capaz de traer su nombre a mi memoria.
M.
19 ago 2006 | 12:21 AM
Snif.
21 ago 2008 | 07:54 PM
Qué triste escrito...
Un saludo!