Absolutamente de acuerdo presidente. Creo que todos los miembros del Club participamos de esa verdad.
Lamento mi ausencia últimamente. Ahora, además de trabajar en la universidad, estoy dando un curso intensivo en el cervantes, 10 horas a la semana, y ando un poco liado.
Por lo demás todo va bien, aunque le doy muchas vueltas al futuro más inmediato. Creo que este será mi último año en Argelia, y que el año próximo volveré a España para preparar oposiciones y, claro está, para estar más cerca de mis hermanos de Club. Podría irme a Granada, a Cáceres o a Salamanca. En fin, de momento es sólo una idea.
También quería deciros que ya tengo las fechas de mis vacaciones: llego a Madrid el 20 de diciembre y regreso a Argel el 10 de enero. Espero que podamos celebrar el tradicional encuentro de Club de estas fechas. Presidente, manos a la obra. Hasta muy pronto pues, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañeros del alma, compañeros.
Buanas y frias noches desde Plasencia, asi arrastró esta gripe que no me quiere abandonar.
Isma tio, que bien saber de ti, ya se q tampoco te he escrito yo, pero esas cosas en mi son normales. Por cierto, yo te recomiendo Cáceres o Salamanca, asi estamos más cerca al año q viene. Además una casa de club en Salamanca es muy importante, por motivos obvios: juerga, extranjeras...
Por cierto, la frase de marcelo (enapoyode Jose Alberto y animo poeta) me han dejado un poco trastocao, le ha pasao algo a nuestro poeta??? De todos modos le mando todo mi apoyo desde aqui, sea lo que sea...
Y ultimo punto del dia, re-encuentro del club, a mi me parece muy bien Zaragoza... como se ha hablado estas ultimas veces, porque Madrid lo tenemos como que muy visto... ademas estube este finde alli, me lo pase muy bien, por cierto, n chino me tiro una cerveza a la cabeza, obviamente fue culpa mia, ya que lo hice cabrear bastante, fue una anecdota graciosa, si me hubiera dado con la lata en la cabeza no tanto...
Bueno a lo que iba, que Madrid lo tenemos muy visto, pero si hay que ir se va...
Un abrazo a todos. Club!
Jaja, me río del chinori que te tiró la cerveza... en fin, ánimos a Ismael en su periplo argelino, venga que un año se pasa pronto. Espero poder vernos en tus días de navidad, si bien el 20 lo tengo difícil, porque tengo cositas por aquí por Murcia, pero habrá que repetir el ritual navideño. Ánimo a todos con vuestras vidas, como gritaban los seguidores de Ecuador en el mundial, "¡¡¡SÍ SE PUEDE!!!"
Yo también me apunto a la quedada navideña, si bien sólo podré asistir una gloriosa noche de sábado, ya que tengo que currar.
Lo de Zaragoza ahi que ir perfilandola ya; a ver si conseguimos montar una buena.
Que os vaya mu bien a todos y que nos vemos en navidad..
Me uno al grito: ¡¡¡¡¡SÍ SE PUEDE!!!!!
Apoyo la candidatura de Zaragoza. En cualquier caso yo llego a Madrid el 20 y seguramente me quede un par de días. Ahora en Madrid hay dos miembros más del Club: Gorka e Ibai. Creo que os hemos hablado de ellos. Los conocimos durante nuestra estancia en Inglaterra y son unos tíos de puta madre. Este año curran en Madrid y Jose y yo hemos prometido visitarlos. Pero es una cuestión de fijar fechas, yo me apunto a cualquier convocatoria.
Os recuerdo igualmente mi idea, gestada ya desde los tiempos de mi presidencia, de una "Nochevieja de Club". A ver si se hace realidad, aunque sé que es difícil. Pero ya sabéis: "¡Sí se puede!"
Jose, que no me entere yo de que los chinos te tiran botellas. Porque luego si te dan y queremos hacerle lo mismo, ¿cómo sabemos qué chino ha sido? Además, agredir a un miembro del Club es un hecho gravísimo. Presidente, mueve tus contactos diplomáticos.
Y sí, Salamanca sería una buena opción por la cercanía, aunque si es por juerga y por extranjeras Granada tampoco está mal, ¿eh?
La idea de instalar un piso franco en España se la he propuesto a nuestro poeta, pero aún no ha contestado. No sé qué le pasa, últimamente escribe mucho menos. Me consta que la adaptación a la vida en Francia está siendo dura: un pueblo, la dificultad del idioma...
Bueno, os dejo que tengo que preparar unos textos para la universidad. Estoy pensando meter alguno de los del poeta... ¿Os imagináis a los morillos y morillas haciendo un comentario de uno de los relatos de José? Al final y al cabo es literatura española actual, ¿no? Y de la buena.
HOla. Sólo quería hacer una puntualización al comentario de Jose. La quedada en Zaragoza NO es una reunión sólo del Club!!! Lo siento, pero por lo menos yo voy a estar presente,y no será la única miembro del Lupanar. Es para que te mentalices, jeje!!
Lamento comunicar al señor presidente que mi escala en Murcia y Madrid antes de Navidad resulta imposible, aunque me congratulo de comunicarle mi total disponibilidad para Nochevieja y días siguientes, hasta 5 de enero, donde sea menester.
Prometo enviar noticias regularmente desde este enclave bretón donde hay más cuadrúpedos que seres humanos, lo cual no implica necesariamente que los escasos habitantes que pueblan estas latitudes follen a cuatro patas; sencillamente, hay muchas vacas.
ORIGEN, DESARROLLO Y EPÍLOGO DE LA SEMI-INFIDELIDAD
El prefijo semi no cuenta con demasiadas entradas en el vetusto diccionario de español editado por cierta entidad bancaria y que tengo ahora mismo sobre el escritorio. Semilla, seminarista, semiología... pero nada, nada de semi acompañado de guión y otra palabra. Mi audacia me lleva a consultar el diccionario de la RAE, en cuyas páginas, como sospechaba de antemano, doy con una respuesta a mis dudas. Proviene del latín semi y dio a conocerse primero por los coches y luego por los yogures, aunque parece que los académicos no se rinden ante la evidencia y no han querido hacer constar esta segunda parte de la acotación. Continuando. Significa 'medio' o 'casi': semidifunto, semitransparente, semiconsonante, son estos los ejemplos escogidos. ¡Me cago en diez! ¿Es que acaso en este país el número de semidifuntos - a pesar de Fraga- supera al de semi-infidelidades? ¿Habré de ser yo, una vez más, quien enriquezca la lengua castellana con nuevos tecnicismos amatorios? Someto todo el proceso a revisión y expondré un caso concreto para iluminar a todos, académicos o no.
Pero antes de proseguir damos paso a otro flashback.
Te levantas por la mañana como de costumbre, desayunas y ves un rato la tele. Es la hora del culebrón, esa suerte de producción audiovisual que jamás refleja la realidad económica del país donde se produce, a tenor del vestuario de los protagonistas...
Ahora un plano general invade la pantalla. Se ve la torre Eiffel al fondo de una calle con coches de matrícula de números blancos sobre fondo negro. Suena algún acordeón de fondo y voces de gente que no saben pronunciar bien la letra erre. El plano dura unos cuantos segundos. Durante todo ese tiempo aparece un subtítulo en el margen inferior : París -puede leerse. Lo chocante es que sigue matizando: Francia. La moraleja de tan impersonal ejemplo es que algunas cosas son obvias.
Análogamente: Eres feliz, en teoría, con tu pareja. Saltan chispas de vez en cuando, discusiones de talante pueril y significado insulso, de esas que las mujeres a menudo plantean. Hay distancia entre ambas personas, distancia física, por otra parte inevitable por las circunstancias. Dejas de estar ciego. La moraleja de tan personal ejemplo sigue siendo la obviedad de algunas cosas.
Cosas como percibir escotes que antes no querías ver, minifaldas, moda femenina a escala de ingeniería japonesa decorando ese circo de contradicción, desencuentro y sufridos coitos que suelen ser las mujeres. Que tus hormonas se disparen y la castidad se arrugue como una vieja cuando te cabalga. Las fotos del pasado verano no te llenan y el calor y los escotes hacen estragos en la punta del cipote. Coges el móvil y repasas la agenda. Borraste muchos números cuando de verdad estabas enamorado, números que podrían ser una tentación y que ahora se han convertido en una necesidad. Para ser honesto os confesaré que me gusta sentirme querido, aunque luego no haga nada. Esa es la esencia del coqueteo masculino, la de los hombres que no aparecemos en revistas ni conocemos cheques de más de cuatro cifras.
No quedaba nada en mi desierta agenda. Todo rastro de lujuria se lo había llevado el amor. De tan casto que fui me miré al espejo y sentí hasta pena. Dormí un rato la siesta y me desperté entre sudores, exaltado. Había soñado con Inna, de vez en cuando lo hacía. Qué tiempos aquellos en que le azotaba el culo y le decía burradas en castellano mientras ella me respondía con onomatopeyas y vocablos rusos. Nostálgico, abrí un cajón del escritorio y revisé mi lista del folleteo. Revisé los emails que primero me enviaba cada semana y ahora cada medio año. Anoté su teléfono y le mandé un mensaje amistoso, informándole de mi próximo viaje a la bretaña francesa para trabajar como profesor y seguramente terminar enloqueciendo como Leopoldo Panero. Me respondió al poco rato, me decía que acababa de regresar a Siberia de su luna de miel. Así que Inna ya no me respondería “da” entre jadeos cuando yo le ofreciera polla española de nuevo. Regresé al baño e increpé al espejo. Lo vi con mis propios ojos.
Husmeando en el archivo de mensajes de mi móvil no di con el rastro de nombres, aunque algunos que lograron sobrevivir a mi cruel autocensura aún conservaban anotado el teléfono y fue así que conseguí deducir quién los remitía. Ello me condujo de nuevo hasta Ruth. Me llamó al poco rato y hablamos más de una hora. Seguía limpiando la misma casa por las mañanas y trabajaba en un restaurante por las tardes. Todavía vivía junto al cuarto de calderas de un sótano cercano a la universidad. La charla resultó tan pesada que puse el manos libres mientras me ocupaba de hacer otras tareas en la habitación. De hecho tuve tiempo de ordenar el armario y recoger la ropa de verano. Quedamos en hablar otro día, aunque posiblemente mi paciencia, agotado el vestuario, se agotara más deprisa.
Y ese día llegó. Eran vísperas de mi operación de miopía. Tardaría una semana en recuperarme y luego tenía que irme ya de la ciudad, así que las prisas propiciaron su llegada. Fue una tarde al despertarme de la siesta, fui al baño a mear y mientras me vaciaba empecé a darle vueltas a todo ese asunto de la semi-infidelidad. Quería a mi novia pero la distancia y los desencuentros estaban empezando a hacer mella. En apenas unos meses me había convertido en otra persona e incluso mis amigos más cercanos pensaron que renegaba del club cuando nunca fue así. Mientras sacudí las últimas gotas pensé en Ruth. Ciertamente era la única persona que podía dar salida a aquella situación y por eso le mandé un mensaje bastante crudo pero honesto; me van a operar y quiero
follar, le decía . No tardó en responder. Fueron otros largos 20 minutos de charla pero fui lo suficientemente estoico como para resistirlos. Afortunadamente el diálogo terminó ofreciendo una respuesta clara.
-Pues es una pena que te vayas tan prontito de España, porque si vivieras aquí podríamos vernos todas las semanas.
-Yo quiero verte hoy.
-Ay hombre, qué impaciente que eres…
-Es que si espero se me van las ganas.
-Bueno, ahorita mismo no estoy sola pero mi hijo está a punto de irse al cyber a jugar, como todos los días.
-¿Pasa mucho tiempo entretenido en esos quehaceres?
-Se le va la vida en ello. Creo que sólo se levanta de la cama con esa motivación.
-¿Cuánto entras a trabajar?
-Dentro de una hora.
-Entonces voy.
-¡Tú estás loco! Todavía tengo que prepararme para ir al trabajo y estar presentable.
-Mira… yo tardo un cuarto de hora en llegar, date una ducha antes y haz lo que tengas que hacer.
-¿Y vas a venir para tan poquito rato?
-Claro, mujer, te he dicho que pronto me van a operar y después no podré hacer ejercicios bruscos.
-¿Como cuáles?
-Como follar.
-Ay, pobre…
-Nos vemos ahora.
-Dale.
Fui hasta su casa en bicicleta, necesitaba tener el cuerpo en movimiento para no arrepentirme de mi decisión. Apuré al máximo el tiempo, apenas una hora milimétricamente calculada para no tener que soportar tediosos diálogos post-coito. Algo quiso que los todos los semáforos estuvieran en verde y llegara a su casa con cierto adelanto. Di varias vueltas a la manzana pedaleando para equipararme al horario previsto y timbré, al fin. Bajando ya por las escaleras me quité las gafas de sol y encontré la puerta entreabierta. Apenas tenía medio cuerpo dentro reparé en que Ruth me pedía silencio desde el umbral del cuarto de baño colocándose el dedo índice delante de los morros. Apenas cinco segundos después estábamos uno frente a otro en el lavabo y retiró el dedo índice de su rostro para echar el pestillo. Olía toda ella a gel de baño barato y desodorante roll-on. Estaba vestida pero descalza, embutida en unos tejanos ceñidos y un antiestético top color butano que dejaba la espalda al descubierto; llevaba sujetador. Sus ojos estaban enrojecidos por culpa del champú y los cabellos aún húmedos. Aquella curiosa escala cromática, lejos de realzar su piel cetrina, le daba cierto toque de palidez. Aunque lo peor eran sus labios pintados de un rosa fantasía con brillos como de purpurina, color tan típico entre mujeres maduras que parecen no querer aceptar la llegada de la implacable menopausia.
-¿Pero qué es todo esto? –acerté a preguntarle, al fin.
-Shhhh, no hables, ¿estás loco?
-¿Pero qué es todo esto?-susurré.
-Mi hijo, finalmente regresó. Había demasiada gente para jugar.
-Vaya –repliqué resignado.
Ella me miraba con sus ojitos de hamster cuarentón y su cuerpecito de mulata menuda y todavía con curvas. Mirar sin hablar, convirtiendo en eternos aquellos segundos de silencio.
-Bueno, entonces podemos hacerlo aquí –le respondí sonriendo, mientras le agarraba las tetas.
-No, no podemos, mi hijo está en la habitación y puede venir al baño y sólo hay uno en la casa.
-¿Y tu hija?
-Salió con el novio.
-¿Hay pestillo en su cuarto?
-Sí.
-Dale.
Su rostro inspiraba de todo menos optimismo, pese a lo cual la seguí hasta el cuarto. No se le veía con mucha convicción, si bien mi calentón y las prisas la movieron como por inercia. Nos sentamos en la cama y seguía mirándome con esos ojitos, ahora de roedor sin más. La habitación, en efecto, olía a adolescente. Estaba todo muy desordenado y había posters de OT por doquier, confiriendo enorme patetismo estético a aquellas cuatro paredes. Ruth empezó a hacerme preguntas estúpidas como por qué quería verla de nuevo después de tanto tiempo, si la había echado de menos y un largo etcétera que no reproduzco por no cargar de excesivo dramatismo estas líneas. Ella de sobras sabía que sólo me apetecía echar un polvo, pero aun cuando los hombres sólo queremos liberar semen las mujeres pretenden recibir virginal e inocente amor. Disfracé mis crudas respuestas como bien pude y supe y volví a agarrarle las tetas y las preguntas se esfumaron, al fin.
A mitad del polvo, es decir, a los pocos segundos de haber empezado, se escuchó la voz de Hernán, su hijo el ludópata. “Mamá, este teclado es una mierda”, se escuchaba, entre embestida y embestida. Al poco se escucharon unos bruscos golpes y algo sonó a quebrado, a buen seguro el teclado que las toscas manos de Hernán terminaron de desfigurar. Pronto sentí una premonitoria convulsión interna y a pesar de que Ruth, enojada, me pidió que no terminara todavía, yo no pude evitar rebajar con bastante margen mi nefasto listón de los 180 segundos. Aquel chorro de vida resbaló por su vientre para terminar precipitándose en la colcha de su hija. Por su parte Hernán dejó de aporrear el difunto teclado y volvió a llamar a su madre. “¿Dónde estás? Te he dicho que es una mierda y no me respondes”. El pomo de la puerta se movió bruscamente, aunque no hubo insistencia por su parte al percatarse del pestillo. “Ahora voy”, respondió Ruth apresurada, como queriendo evitar preguntas indiscretas al otro lado de la puerta.
Se puso los pantalones y el top sin nada más debajo y salió del cuarto de su hija. Yo me miré a mí mismo y todo cuanto me rodeaba y sentí una mezcla de pena, desahogo y decepción. La ausencia de Ruth me vino de perlas para vestirme a toda velocidad. Cuando ella regresó estaba acabando de atarme los cordones de los zapatos. Rauda y un tanto atropellada, como queriendo reprocharme algo, se sentó de nuevo a mi lado y me desabrochó la bragueta.
-Pero bueno papi, ¿por qué te viniste tan pronto?
-Tu hijo, que me puso nervioso.
-Vaya… La primera vez fue la situación, ahora también es lo mismo.
-Es sólo mala suerte, no hay que dramatizar.
-¿Qué no hay que dramatizar? ¿Es que me piensas dejar así?
-No estoy en condiciones y tienes que trabajar –respondí, firme.
-Bueno, entonces déjame que yo te trabaje antes de ir a mi otro trabajo.
-¿Pero qué pretendes que haga?
-Nada, tú déjame a mí.
Estaba algo fatigado por tanto estrés y muchos sentimientos encontrados revoloteaban por mi cabeza, así que le hice caso. Me despojó de la parte de abajo y se quitó los pantalones. Me tumbé mirando al techo, con las manos bajo la nuca y la mirada perdida. Mientras ella intentaba galopar sobre aquel ahora fláccido apéndice yo hacía memoria sobre el estado de mi relación, sobre cómo terminaría todo aquello si es que tenía que llegar el fin.
-¿Y no puedes ponerte duro para mí, papi? –inquirió, melosa.
-No. Haz lo que quieras pero termina pronto –respondí, desencantado.
Se pasó el momento de calentón. Todo quedó, como quien diría, en agua de borrajas. Con el paso de los años ya no veía al sexo opuesto de la misma manera. Me estaba volviendo cada vez más primario. Antes hubiera sufrido lo indecible por follar. Ahora era una necesidad después de la cual toda permanencia resultaba estúpida e incluso dolorosa; algo parecido a cagar y no levantarse del retrete. Ahora sentía incluso asco después de follar, me sentía incapaz de compartir la misma cama con alguien a quien sólo deseaba echar un polvo. El amor, desde luego, era algo bien distinto.
Ruth, cansada de galopar sobre aquella llanura, desistió. Apenas cruzamos tres o cuatro frases más y por otra parte la situación invitaba a un rápido desalojo de la estancia. Nos despedimos a distancia, sin apenas mover un músculo en nuestros rostros. Afuera en la calle la luz crepuscular lo bañaba todo, hacía calor y la gente paseaba jovial y sonriente. Fue entonces cuando me di cuenta de que había olvidado algo en aquella habitación. Llamé a Ruth para que me diera las gafas de sol, enormes, oscuras, recién compradas. Las necesitaba para después de la operación. En apenas dos días dejaría de ser miope y en una semana abandonaría el país por varios meses. Me las dio al fin, volviendo sobre sus pasos escaleras abajo, desapareciendo para siempre. Y me fui de allí sin sentirme culpable y quizá aquella ausencia de culpa significara que pronto mi corazón dejaría de estar ciego.
15 nov 2006 | 06:04 PM
Pongo esta gran verdad como manifiesto de Club enapoyode Jose Alberto, pues es una frase con la que seguro sintoniza. Ánimo Poeta!!
21 nov 2006 | 04:35 PM
Absolutamente de acuerdo presidente. Creo que todos los miembros del Club participamos de esa verdad.
Lamento mi ausencia últimamente. Ahora, además de trabajar en la universidad, estoy dando un curso intensivo en el cervantes, 10 horas a la semana, y ando un poco liado.
Por lo demás todo va bien, aunque le doy muchas vueltas al futuro más inmediato. Creo que este será mi último año en Argelia, y que el año próximo volveré a España para preparar oposiciones y, claro está, para estar más cerca de mis hermanos de Club. Podría irme a Granada, a Cáceres o a Salamanca. En fin, de momento es sólo una idea.
También quería deciros que ya tengo las fechas de mis vacaciones: llego a Madrid el 20 de diciembre y regreso a Argel el 10 de enero. Espero que podamos celebrar el tradicional encuentro de Club de estas fechas. Presidente, manos a la obra. Hasta muy pronto pues, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañeros del alma, compañeros.
22 nov 2006 | 12:57 AM
Buanas y frias noches desde Plasencia, asi arrastró esta gripe que no me quiere abandonar.
Isma tio, que bien saber de ti, ya se q tampoco te he escrito yo, pero esas cosas en mi son normales. Por cierto, yo te recomiendo Cáceres o Salamanca, asi estamos más cerca al año q viene. Además una casa de club en Salamanca es muy importante, por motivos obvios: juerga, extranjeras...
Por cierto, la frase de marcelo (enapoyode Jose Alberto y animo poeta) me han dejado un poco trastocao, le ha pasao algo a nuestro poeta??? De todos modos le mando todo mi apoyo desde aqui, sea lo que sea...
Y ultimo punto del dia, re-encuentro del club, a mi me parece muy bien Zaragoza... como se ha hablado estas ultimas veces, porque Madrid lo tenemos como que muy visto... ademas estube este finde alli, me lo pase muy bien, por cierto, n chino me tiro una cerveza a la cabeza, obviamente fue culpa mia, ya que lo hice cabrear bastante, fue una anecdota graciosa, si me hubiera dado con la lata en la cabeza no tanto...
Bueno a lo que iba, que Madrid lo tenemos muy visto, pero si hay que ir se va...
Un abrazo a todos. Club!
22 nov 2006 | 12:30 PM
Jaja, me río del chinori que te tiró la cerveza... en fin, ánimos a Ismael en su periplo argelino, venga que un año se pasa pronto. Espero poder vernos en tus días de navidad, si bien el 20 lo tengo difícil, porque tengo cositas por aquí por Murcia, pero habrá que repetir el ritual navideño. Ánimo a todos con vuestras vidas, como gritaban los seguidores de Ecuador en el mundial, "¡¡¡SÍ SE PUEDE!!!"
22 nov 2006 | 02:34 PM
Yo también me apunto a la quedada navideña, si bien sólo podré asistir una gloriosa noche de sábado, ya que tengo que currar.
Lo de Zaragoza ahi que ir perfilandola ya; a ver si conseguimos montar una buena.
Que os vaya mu bien a todos y que nos vemos en navidad..
Me uno al grito: ¡¡¡¡¡SÍ SE PUEDE!!!!!
23 nov 2006 | 12:02 PM
Apoyo la candidatura de Zaragoza. En cualquier caso yo llego a Madrid el 20 y seguramente me quede un par de días. Ahora en Madrid hay dos miembros más del Club: Gorka e Ibai. Creo que os hemos hablado de ellos. Los conocimos durante nuestra estancia en Inglaterra y son unos tíos de puta madre. Este año curran en Madrid y Jose y yo hemos prometido visitarlos. Pero es una cuestión de fijar fechas, yo me apunto a cualquier convocatoria.
Os recuerdo igualmente mi idea, gestada ya desde los tiempos de mi presidencia, de una "Nochevieja de Club". A ver si se hace realidad, aunque sé que es difícil. Pero ya sabéis: "¡Sí se puede!"
Jose, que no me entere yo de que los chinos te tiran botellas. Porque luego si te dan y queremos hacerle lo mismo, ¿cómo sabemos qué chino ha sido? Además, agredir a un miembro del Club es un hecho gravísimo. Presidente, mueve tus contactos diplomáticos.
Y sí, Salamanca sería una buena opción por la cercanía, aunque si es por juerga y por extranjeras Granada tampoco está mal, ¿eh?
La idea de instalar un piso franco en España se la he propuesto a nuestro poeta, pero aún no ha contestado. No sé qué le pasa, últimamente escribe mucho menos. Me consta que la adaptación a la vida en Francia está siendo dura: un pueblo, la dificultad del idioma...
Bueno, os dejo que tengo que preparar unos textos para la universidad. Estoy pensando meter alguno de los del poeta... ¿Os imagináis a los morillos y morillas haciendo un comentario de uno de los relatos de José? Al final y al cabo es literatura española actual, ¿no? Y de la buena.
Un abrazo muy fuerte a todos.
CLUB, CLUB!!!
24 nov 2006 | 08:45 PM
HOla. Sólo quería hacer una puntualización al comentario de Jose. La quedada en Zaragoza NO es una reunión sólo del Club!!! Lo siento, pero por lo menos yo voy a estar presente,y no será la única miembro del Lupanar. Es para que te mentalices, jeje!!
Ciao
4 dic 2006 | 03:57 AM
Lamento comunicar al señor presidente que mi escala en Murcia y Madrid antes de Navidad resulta imposible, aunque me congratulo de comunicarle mi total disponibilidad para Nochevieja y días siguientes, hasta 5 de enero, donde sea menester.
Prometo enviar noticias regularmente desde este enclave bretón donde hay más cuadrúpedos que seres humanos, lo cual no implica necesariamente que los escasos habitantes que pueblan estas latitudes follen a cuatro patas; sencillamente, hay muchas vacas.
¡Club! ¡Club!
4 dic 2006 | 03:59 AM
Mi alter ego tiene una historia que contaros...
ORIGEN, DESARROLLO Y EPÍLOGO DE LA SEMI-INFIDELIDAD
El prefijo semi no cuenta con demasiadas entradas en el vetusto diccionario de español editado por cierta entidad bancaria y que tengo ahora mismo sobre el escritorio. Semilla, seminarista, semiología... pero nada, nada de semi acompañado de guión y otra palabra. Mi audacia me lleva a consultar el diccionario de la RAE, en cuyas páginas, como sospechaba de antemano, doy con una respuesta a mis dudas. Proviene del latín semi y dio a conocerse primero por los coches y luego por los yogures, aunque parece que los académicos no se rinden ante la evidencia y no han querido hacer constar esta segunda parte de la acotación. Continuando. Significa 'medio' o 'casi': semidifunto, semitransparente, semiconsonante, son estos los ejemplos escogidos. ¡Me cago en diez! ¿Es que acaso en este país el número de semidifuntos - a pesar de Fraga- supera al de semi-infidelidades? ¿Habré de ser yo, una vez más, quien enriquezca la lengua castellana con nuevos tecnicismos amatorios? Someto todo el proceso a revisión y expondré un caso concreto para iluminar a todos, académicos o no.
Pero antes de proseguir damos paso a otro flashback.
Te levantas por la mañana como de costumbre, desayunas y ves un rato la tele. Es la hora del culebrón, esa suerte de producción audiovisual que jamás refleja la realidad económica del país donde se produce, a tenor del vestuario de los protagonistas...
Ahora un plano general invade la pantalla. Se ve la torre Eiffel al fondo de una calle con coches de matrícula de números blancos sobre fondo negro. Suena algún acordeón de fondo y voces de gente que no saben pronunciar bien la letra erre. El plano dura unos cuantos segundos. Durante todo ese tiempo aparece un subtítulo en el margen inferior : París -puede leerse. Lo chocante es que sigue matizando: Francia. La moraleja de tan impersonal ejemplo es que algunas cosas son obvias.
Análogamente: Eres feliz, en teoría, con tu pareja. Saltan chispas de vez en cuando, discusiones de talante pueril y significado insulso, de esas que las mujeres a menudo plantean. Hay distancia entre ambas personas, distancia física, por otra parte inevitable por las circunstancias. Dejas de estar ciego. La moraleja de tan personal ejemplo sigue siendo la obviedad de algunas cosas.
Cosas como percibir escotes que antes no querías ver, minifaldas, moda femenina a escala de ingeniería japonesa decorando ese circo de contradicción, desencuentro y sufridos coitos que suelen ser las mujeres. Que tus hormonas se disparen y la castidad se arrugue como una vieja cuando te cabalga. Las fotos del pasado verano no te llenan y el calor y los escotes hacen estragos en la punta del cipote. Coges el móvil y repasas la agenda. Borraste muchos números cuando de verdad estabas enamorado, números que podrían ser una tentación y que ahora se han convertido en una necesidad. Para ser honesto os confesaré que me gusta sentirme querido, aunque luego no haga nada. Esa es la esencia del coqueteo masculino, la de los hombres que no aparecemos en revistas ni conocemos cheques de más de cuatro cifras.
No quedaba nada en mi desierta agenda. Todo rastro de lujuria se lo había llevado el amor. De tan casto que fui me miré al espejo y sentí hasta pena. Dormí un rato la siesta y me desperté entre sudores, exaltado. Había soñado con Inna, de vez en cuando lo hacía. Qué tiempos aquellos en que le azotaba el culo y le decía burradas en castellano mientras ella me respondía con onomatopeyas y vocablos rusos. Nostálgico, abrí un cajón del escritorio y revisé mi lista del folleteo. Revisé los emails que primero me enviaba cada semana y ahora cada medio año. Anoté su teléfono y le mandé un mensaje amistoso, informándole de mi próximo viaje a la bretaña francesa para trabajar como profesor y seguramente terminar enloqueciendo como Leopoldo Panero. Me respondió al poco rato, me decía que acababa de regresar a Siberia de su luna de miel. Así que Inna ya no me respondería “da” entre jadeos cuando yo le ofreciera polla española de nuevo. Regresé al baño e increpé al espejo. Lo vi con mis propios ojos.
Husmeando en el archivo de mensajes de mi móvil no di con el rastro de nombres, aunque algunos que lograron sobrevivir a mi cruel autocensura aún conservaban anotado el teléfono y fue así que conseguí deducir quién los remitía. Ello me condujo de nuevo hasta Ruth. Me llamó al poco rato y hablamos más de una hora. Seguía limpiando la misma casa por las mañanas y trabajaba en un restaurante por las tardes. Todavía vivía junto al cuarto de calderas de un sótano cercano a la universidad. La charla resultó tan pesada que puse el manos libres mientras me ocupaba de hacer otras tareas en la habitación. De hecho tuve tiempo de ordenar el armario y recoger la ropa de verano. Quedamos en hablar otro día, aunque posiblemente mi paciencia, agotado el vestuario, se agotara más deprisa.
Y ese día llegó. Eran vísperas de mi operación de miopía. Tardaría una semana en recuperarme y luego tenía que irme ya de la ciudad, así que las prisas propiciaron su llegada. Fue una tarde al despertarme de la siesta, fui al baño a mear y mientras me vaciaba empecé a darle vueltas a todo ese asunto de la semi-infidelidad. Quería a mi novia pero la distancia y los desencuentros estaban empezando a hacer mella. En apenas unos meses me había convertido en otra persona e incluso mis amigos más cercanos pensaron que renegaba del club cuando nunca fue así. Mientras sacudí las últimas gotas pensé en Ruth. Ciertamente era la única persona que podía dar salida a aquella situación y por eso le mandé un mensaje bastante crudo pero honesto; me van a operar y quiero
follar, le decía . No tardó en responder. Fueron otros largos 20 minutos de charla pero fui lo suficientemente estoico como para resistirlos. Afortunadamente el diálogo terminó ofreciendo una respuesta clara.
-Pues es una pena que te vayas tan prontito de España, porque si vivieras aquí podríamos vernos todas las semanas.
-Yo quiero verte hoy.
-Ay hombre, qué impaciente que eres…
-Es que si espero se me van las ganas.
-Bueno, ahorita mismo no estoy sola pero mi hijo está a punto de irse al cyber a jugar, como todos los días.
-¿Pasa mucho tiempo entretenido en esos quehaceres?
-Se le va la vida en ello. Creo que sólo se levanta de la cama con esa motivación.
-¿Cuánto entras a trabajar?
-Dentro de una hora.
-Entonces voy.
-¡Tú estás loco! Todavía tengo que prepararme para ir al trabajo y estar presentable.
-Mira… yo tardo un cuarto de hora en llegar, date una ducha antes y haz lo que tengas que hacer.
-¿Y vas a venir para tan poquito rato?
-Claro, mujer, te he dicho que pronto me van a operar y después no podré hacer ejercicios bruscos.
-¿Como cuáles?
-Como follar.
-Ay, pobre…
-Nos vemos ahora.
-Dale.
Fui hasta su casa en bicicleta, necesitaba tener el cuerpo en movimiento para no arrepentirme de mi decisión. Apuré al máximo el tiempo, apenas una hora milimétricamente calculada para no tener que soportar tediosos diálogos post-coito. Algo quiso que los todos los semáforos estuvieran en verde y llegara a su casa con cierto adelanto. Di varias vueltas a la manzana pedaleando para equipararme al horario previsto y timbré, al fin. Bajando ya por las escaleras me quité las gafas de sol y encontré la puerta entreabierta. Apenas tenía medio cuerpo dentro reparé en que Ruth me pedía silencio desde el umbral del cuarto de baño colocándose el dedo índice delante de los morros. Apenas cinco segundos después estábamos uno frente a otro en el lavabo y retiró el dedo índice de su rostro para echar el pestillo. Olía toda ella a gel de baño barato y desodorante roll-on. Estaba vestida pero descalza, embutida en unos tejanos ceñidos y un antiestético top color butano que dejaba la espalda al descubierto; llevaba sujetador. Sus ojos estaban enrojecidos por culpa del champú y los cabellos aún húmedos. Aquella curiosa escala cromática, lejos de realzar su piel cetrina, le daba cierto toque de palidez. Aunque lo peor eran sus labios pintados de un rosa fantasía con brillos como de purpurina, color tan típico entre mujeres maduras que parecen no querer aceptar la llegada de la implacable menopausia.
-¿Pero qué es todo esto? –acerté a preguntarle, al fin.
-Shhhh, no hables, ¿estás loco?
-¿Pero qué es todo esto?-susurré.
-Mi hijo, finalmente regresó. Había demasiada gente para jugar.
-Vaya –repliqué resignado.
Ella me miraba con sus ojitos de hamster cuarentón y su cuerpecito de mulata menuda y todavía con curvas. Mirar sin hablar, convirtiendo en eternos aquellos segundos de silencio.
-Bueno, entonces podemos hacerlo aquí –le respondí sonriendo, mientras le agarraba las tetas.
-No, no podemos, mi hijo está en la habitación y puede venir al baño y sólo hay uno en la casa.
-¿Y tu hija?
-Salió con el novio.
-¿Hay pestillo en su cuarto?
-Sí.
-Dale.
Su rostro inspiraba de todo menos optimismo, pese a lo cual la seguí hasta el cuarto. No se le veía con mucha convicción, si bien mi calentón y las prisas la movieron como por inercia. Nos sentamos en la cama y seguía mirándome con esos ojitos, ahora de roedor sin más. La habitación, en efecto, olía a adolescente. Estaba todo muy desordenado y había posters de OT por doquier, confiriendo enorme patetismo estético a aquellas cuatro paredes. Ruth empezó a hacerme preguntas estúpidas como por qué quería verla de nuevo después de tanto tiempo, si la había echado de menos y un largo etcétera que no reproduzco por no cargar de excesivo dramatismo estas líneas. Ella de sobras sabía que sólo me apetecía echar un polvo, pero aun cuando los hombres sólo queremos liberar semen las mujeres pretenden recibir virginal e inocente amor. Disfracé mis crudas respuestas como bien pude y supe y volví a agarrarle las tetas y las preguntas se esfumaron, al fin.
A mitad del polvo, es decir, a los pocos segundos de haber empezado, se escuchó la voz de Hernán, su hijo el ludópata. “Mamá, este teclado es una mierda”, se escuchaba, entre embestida y embestida. Al poco se escucharon unos bruscos golpes y algo sonó a quebrado, a buen seguro el teclado que las toscas manos de Hernán terminaron de desfigurar. Pronto sentí una premonitoria convulsión interna y a pesar de que Ruth, enojada, me pidió que no terminara todavía, yo no pude evitar rebajar con bastante margen mi nefasto listón de los 180 segundos. Aquel chorro de vida resbaló por su vientre para terminar precipitándose en la colcha de su hija. Por su parte Hernán dejó de aporrear el difunto teclado y volvió a llamar a su madre. “¿Dónde estás? Te he dicho que es una mierda y no me respondes”. El pomo de la puerta se movió bruscamente, aunque no hubo insistencia por su parte al percatarse del pestillo. “Ahora voy”, respondió Ruth apresurada, como queriendo evitar preguntas indiscretas al otro lado de la puerta.
Se puso los pantalones y el top sin nada más debajo y salió del cuarto de su hija. Yo me miré a mí mismo y todo cuanto me rodeaba y sentí una mezcla de pena, desahogo y decepción. La ausencia de Ruth me vino de perlas para vestirme a toda velocidad. Cuando ella regresó estaba acabando de atarme los cordones de los zapatos. Rauda y un tanto atropellada, como queriendo reprocharme algo, se sentó de nuevo a mi lado y me desabrochó la bragueta.
-Pero bueno papi, ¿por qué te viniste tan pronto?
-Tu hijo, que me puso nervioso.
-Vaya… La primera vez fue la situación, ahora también es lo mismo.
-Es sólo mala suerte, no hay que dramatizar.
-¿Qué no hay que dramatizar? ¿Es que me piensas dejar así?
-No estoy en condiciones y tienes que trabajar –respondí, firme.
-Bueno, entonces déjame que yo te trabaje antes de ir a mi otro trabajo.
-¿Pero qué pretendes que haga?
-Nada, tú déjame a mí.
Estaba algo fatigado por tanto estrés y muchos sentimientos encontrados revoloteaban por mi cabeza, así que le hice caso. Me despojó de la parte de abajo y se quitó los pantalones. Me tumbé mirando al techo, con las manos bajo la nuca y la mirada perdida. Mientras ella intentaba galopar sobre aquel ahora fláccido apéndice yo hacía memoria sobre el estado de mi relación, sobre cómo terminaría todo aquello si es que tenía que llegar el fin.
-¿Y no puedes ponerte duro para mí, papi? –inquirió, melosa.
-No. Haz lo que quieras pero termina pronto –respondí, desencantado.
Se pasó el momento de calentón. Todo quedó, como quien diría, en agua de borrajas. Con el paso de los años ya no veía al sexo opuesto de la misma manera. Me estaba volviendo cada vez más primario. Antes hubiera sufrido lo indecible por follar. Ahora era una necesidad después de la cual toda permanencia resultaba estúpida e incluso dolorosa; algo parecido a cagar y no levantarse del retrete. Ahora sentía incluso asco después de follar, me sentía incapaz de compartir la misma cama con alguien a quien sólo deseaba echar un polvo. El amor, desde luego, era algo bien distinto.
Ruth, cansada de galopar sobre aquella llanura, desistió. Apenas cruzamos tres o cuatro frases más y por otra parte la situación invitaba a un rápido desalojo de la estancia. Nos despedimos a distancia, sin apenas mover un músculo en nuestros rostros. Afuera en la calle la luz crepuscular lo bañaba todo, hacía calor y la gente paseaba jovial y sonriente. Fue entonces cuando me di cuenta de que había olvidado algo en aquella habitación. Llamé a Ruth para que me diera las gafas de sol, enormes, oscuras, recién compradas. Las necesitaba para después de la operación. En apenas dos días dejaría de ser miope y en una semana abandonaría el país por varios meses. Me las dio al fin, volviendo sobre sus pasos escaleras abajo, desapareciendo para siempre. Y me fui de allí sin sentirme culpable y quizá aquella ausencia de culpa significara que pronto mi corazón dejaría de estar ciego.