Mi estilo a lo Tommy Montana me hizo arrasar. Lo recomiendo si se quiere ligar, así que poneoslo para ir a todas partes, al cine, al trabajo, al parque, donde sea.
Como podéis ver todas las chicas se pusieron en mi mesa. No sé cómo lo hicimos pero acabamos todos los zanguangos juntos. Y ellas como si nada, en otra mesa.
Al final me ocurrió como cuenta el Evangelio que le pasaba a San Miguel, que donde iba triunfaba. Tomaré la determinación de no salir a la calle, porque luego me toca hasta elegir, y eso es duro...
16 may 2007 | 07:08 PM
Quanto sei bello !!!
Auguri !!
Un bacione
26 may 2007 | 03:03 PM
EL BUENO, EL FEO Y EL MALO
Enhorabuena Marcelo por estar a punto de terminar una carrera tan sobrevalorada y a la vez denostada en este país. Una carrera que nos equipara a Carmele Marchante, Coto Matamoros y resto de fauna descerebrada.
Hace mucho tiempo que no os cuento nada, la verdad es que he tenido una vida bastante intensa durante los últimos meses, plagada de viajes, encuentros y sobre todo buenos momentos. Y lo mejor de todo, los momentos más agradables han estado directamente vinculados con el club. Ya estoy recuperado para el club, vuelvo a ser el perdedor (perdona Marcelo que me apropie de esa frase ahora mismo), pero feliz.
Voy a contar ahora una pequeña historia. Una historia sobre trabajadores anónimos que velan por nuestro bienestar mientras estamos de fiesta, ociosos y despreocupados, en nuestros hogares o al abrigo de cualquier bar. Gente como los basureros y los taxistas. Gente afable, que siempre ofrece conversación entre tanto trajín. Pero ayer descubrí un nuevo gremio, sufrido y abnegado: las farmacias de guardia.
Por arte de azar o por meras circunstancias de la noche, el alcohol y las relaciones humanas puedes pasar de apurar tu última Ambar en un bar medio vacío a las 3 de la madrugada, a tener una fuerte erección camino de la farmacia, a bordo de un taxi, en compañía de una joven muchacha aria, en apenas 30 minutos.
A nadie le agrada esperar, sobre todo a los taxímetros. Su inevitable tabla del cinco crece y crece sin parar, ocupando ya el ancho de la pantalla. Nadie responde a mis llamadas al timbre de la farmacia. Pasa un eterno minuto e insisto de nuevo. Pronto aparece al fondo del mostrador un hombre con cara de pocos amigos, con la almohada marcada en su mejilla derecha. Es el farmacéutico anónimo, uno más de tantos que trabajan por nosotros cuando más los necesitamos. Ni si quiera tengo que decirle qué quiero, él pronto me ataja con un "sólo tengo una caja pero es de doce. Vale doce euros". No tengo tiempo para pensar y mi mano saca un billete de la cartera con la misma naturalidad que Jiménez Losantos profiere sandeces a través de las ondas hertzianas.
Sin embargo no todo puede ser tan idílico y sencillo cuando se trata de follar. Algo falla. A veces es la mujer, aunque eso lo descubramos a la mañana siguiente. Otras veces lo que falla es uno mismo, por blando, y no hablo de carácter. Otras ocasiones, sin embargo, lo que falla es la ausencia de lugar, el exceso de indiscrección, los condones caducados por cese de actividad y un largo etcétera. Lo que a mí me estaba fallando en esa eterna y cara espera era el dinero. Estaba a punto de no follar por falta de solvencia. Me dirigí al taxi mientras el farmacéutico anónimo, paquete -de eso mismo que se pone en el paquete- en mano, me miraba con semblante tosco y arisco a partes iguales.
-Perdona, ¿tienes dinero? -le dije a ella.
-No, solamente me quedan unas monedas, ni siquiera llega a un euro.
A esas alturas de la jugada ya solamente me quedaba un aliado, a la sazón al volante .
-Disculpe, necesito dinero. Supongo que usted, si estuviera en mi lugar, entendería la situación.
-Descuida, ¿cuánto necesitas?
-Bastará con 5 euros. Luego lo añade a lo que marque el taxímetro.
Y así, ayudado por ese conductor anónimo, por ese otro trabajador que sufre mientras otros se divierten y parecen refrotárselo por las narices al pedirle un pequeño préstamo, conseguí salir del entuerto. Entonces miré la cruz verde de aquella farmacia, pensé que era un lugar sagrado que merecía veneración y me sentí como Bernadette Soubirous ante una aparición divina de rostro adusto que, previo pago de 12 euros ,me brindaba una docena de milagros impregnados –a falta de agua bendita- en latex.
La magia de aquella velada no decayó y todo aquel aura quasi-tántrico, espiritual y evocador siguió adelante, pues a falta de BBVA tuve que sacar dinero en la caja de ahorros de la Inmaculada. Metiendo prisa, sacando tarjetas, metiendo un código, sacando el saldo. Y con tanto mete-saca el taxista nos dijo buenas noches, la madrugada siguió su curso y dicho binomio verbal continuó por otros derroteros de índole más íntima y resultados, al menos en el primero de los lances, ciertamente catastróficos.
Mientras ella se limpiaba en el baño y yo miraba con cierto asco un tampón usado que delimitaba el umbral de la puerta, reparé en el montón de condones apilados dentro de un vaso, en el escritorio. Fue a esas alturas de la noche cuando, con cierta frustración, sentí haber perdido 12 euros por una compra innecesaria. Son en situaciones como la descrita cuando las apariencias engañan, los condones se amontonan y luego terminan caducando.
Pronto dieron las 5, pasé un buen rato en el baño leyendo prospectos de cosméticos mientras tomaba una ducha y me miraba en el espejo. "La vida es dura, Poeta. Para ti mucho más que para aquel farmacéutico de rostro inexpresivo" Y era cierto. Él sólo tenía que levantarse cuando el timbre sonara, decir buenas noches y cobrar. Yo sin embargo tenía que caminar media hora hasta allí, superar la vergüenza y buscar una solución.
Había un kilómetro largo de distancia hasta la botica. El cielo mientras tanto empezaba a clarear y el trinar de los pájaros se mezclaba con el ruido de camiones de basura a punto de terminar jornada y arrítmicas pisadas fruto de la ebriedad, en una banda sonora insuperable. Pronto llegué junto a la cruz verde. Aún estaba iluminada, pulsé el timbre de nuevo y me asomé por la minúscula rejilla de entrada. Al cabo de un minuto largo el licenciado, ya sin bata y con el cuerpo entumecido a causa de un sueño constantemente interrumpido por clientes intempestivos, asomó la cabeza al otro lado del mostrador, aminoró su marcha casi con desgana y me miró con asco. Puede que no sea tan sencillo recordar el rostro de los consumidores, pero sin duda nunca se olvida el rostro de quien te despierta.
Mantuvimos un intenso diálogo, acalorado por momentos, sobre todo cuando le recriminé que no me había dado ticket al comprar los condones hacía poco más de una hora. Sin ticket no podemos devolverle el dinero, se limitó a decir. Me pregunto qué opinará el gremio de farmacéuticos al enterarse de la plusvalía que usted cobra por no registrar la compra – le respondí, secamente. Aquello no le sentó nada bien y prosiguió su explicación, visiblemente molesto.
-Es que uno no puede vivir así. La gente no se entera de que estamos abiertos para emergencias, pero llevo toda la noche vendiendo condones y caramelos Juanola, como un gilipollas. Y encima me despiertan y no me dejan dormir. Vaya mierda de trabajo.
-Entiendo su enfado, pero ni yo he establecido su horario ni tengo la culpa de que sea farmacéutico. Supongo que le pagan por trabajar, no por dormir.
Llegados a ese punto yo ya no sabía qué hacer. Aquel hombre no hacía más que protestar y echarme las culpas de su profesión. Por otra parte, si replicaba sus invectivas, corría el riesgo de quedarme sin dinero. Y es que ahora que trabajo y soy pobre, me siento un obrero oprimido por el yugo burgués y reclamo mis derechos. Finalmente recuperé mis doce euros y continué rumbo hacia mi casa con una sonrisa dibujada en los labios, como si acabara de acertar una quiniela, cuando menos, de doce. Y es que aquel paquete condones equivalía a doce tercios de Ambar en un céntrico bar de Zaragoza, más que suficiente para ir tirando un par de noches más. Luego, en Copenhague, tendré que trabajar demasiado y no habrá tiempo para el placer.
¡Me cago en diez!
29 may 2007 | 05:25 PM
Queridos Marce y Jose Alberto:
No dejéis de escribir vuestras historias y ocurrencias en este blog. LLevo unos días enfermo y creo que nada mejor que echarme unas risas para mejorarme. Fantástico este relato de tus andanzas mañas, Jose. Y lo mismo digo Marce "sílbame y ya voy", o llamame por teléfono, que aunque más caro es quizá más fácil que escuchar tu silbido desde el África.
Desde Argel un abrazo muy fuerte.
30 may 2007 | 02:30 PM
Vaya vaya, muy buenas a los dos, gran relato, aunque podías tener mejor cabeza, Jose, pero me alegro que recuperaras los doce euros. Ismael, me llamaste cuando trabajaba y cuando estaba hablando con Jose, precisamente; un abrazo y espero que esa enfermedad se cure pronto. Club!