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La Coctelera

CLUB DEI SINGOLI

MEDIA DÉCADA DE CLUB, 12 DE ENERO DE 2009
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Categoría: Relatos del Poeta

6 Abril 2009

Chicos y chicas -como dicen los igualitarios- después de varios días batallando con el nuevo editor del blog he llegado a la conclusión de que el blog cierra. Después de todo, seguimos viendonos por el facebook, y esta Coctelera da más fallos que nunca -lo que se transforma en disgustos para el presidente- cosa que me quita -todavía más- el poco tiempo que tengo y que, por cierto, prefiero dedicarlo a algo que no me queme la vista y añada dioptrías a mi receta oftalmológica.  Un saludo, y Club!

25 Septiembre 2007

El burdel de la letra pequeña

Varsovia es una ciudad donde con dinero puedes hacer lo que quieras. Desde pilotar tanques soviéticos en las amplias masas boscosas que rodean la urbe hasta salir de fiesta con el taxista apenas éste haya bajado la bandera; pasando, por supuesto, por irte de putas de todo precio, calaña y rango de edad. La diferencia con otras ciudades propensas al vicio es que aquí quizá no se vislumbra, pero al menos se huele. Sería la diferencia entre lo lógico o el factor sorpresa. Todos sabemos, por ejemplo, lo que podemos hacer en el barrio rojo de Amsterdam, o por qué hay ciertos anuncios personales con foto explícita en la mayoría de cabinas telefónicas del londinense barrio de Soho. Sin embargo, cuando encontramos esos papeles por la calle, inocentemente dispersos cada cierta distancia, nos sentimos como Hansel y Gretel en busca de la casa de chocolate.

Tras la primera de mis tres noches en la gran urbe de bloques de oficinas, pasajes subterráneos y policías bordes, abandoné Nathan Hostel al filo de mediodía, rumbo al centro. Me había levantado con una sensación agridulce, lo agrio por no haberme podido ir de putas y lo dulce por haberme ahorrado ese dinero. Una cosa que me sorprende de Polonia es que no hay negros, y no sé por qué. Honestamente, llegué a pensar que el único negro a quien los polacos conocen es al rey Baltasar.

Deambulando por unas calles secundarias, paralelas a la gran avenida de Jerozolimskie, reparé en esos papelitos arrojados sobre el pavimento a intervalos exactos. Fue a la tercera de las calles que enfilé cuando intuí que esa propaganda era más una sutil llamada que un alegato de suciedad. El papel estaba justo en mitad del paso de peatones, marcado por las ruedas de los vehículos y ya algo ennegrecido. Era un folleto desplegable con fotos y teléfonos de putas. Miré mi reloj y las agujas marcaban la una y media, me quedaban dos horas libres y todavía tenía que comer y beber algo para madurar mi decisión. Apenas abandoné el restaurante decidí llamar e indagar por los precios. 150 zlotych, una hora, me respondió una voz solemne; la voz de una madame que te ofrece algo irrechazable, a cinco minutos andando, al lado de la estación, servido en bandeja de plata. Además, aquella tarifa era la mitad que la de la noche anterior, cuando mis ganas se vieron truncadas a causa de problemas con la tarjeta. Y me encaminé al burdel con la falsa ilusión de quien cree estar, indirectamente, ahorrando dinero.

Al Jerozolimskie 99, apartamento 1. El corazón me latía fuerte a pesar de saber que iba a follar seguro. Sería la emoción de poder elegir, ya que así como las mujeres a menudo lo hacen, a los hombres nos suele tocar conformarnos con lo que nos toca.

Torre de la radio de Varsovia y dos imágenes publicitarias

Una vez llegué al portal vi a una prostituta a pie de calle, una prostituta cuya apariencia nada tenía que ver con las pomposas siluetas del folleto. O era la puta número cinco, o nada tenía que ver con Kaja, Martyna, Laura o Kasia. Continué caminando calle abajo, ya que la mujer me había echado ya un ojo encima y yo quería entrar en el inmueble de una manera políticamente correcta, eludiendo tener que dar explicaciones. A nadie nos gusta que nos llamen feo o fea a la cara, aunque seamos cenicientas de saldo y esquina y dependamos de los gustos del cliente.

Lo peor de los pisos en Polonia es su sistema de numeración. Allí no hay plantas sino número de apartamento. Así pues, es fácil deducir que el apartamento 1 quede ubicado en el entresuelo o la primera planta a lo sumo, pero cuando el número se complica y llega a cotas mayores los tramos de escaleras a subir son toda una incógnita. Al problema de la ubicación había que sumar el de cómo abrir la puerta, cómo llamar al timbre delante de la puta sin parecer un putero. Pero, en esto que me las ingeniaba en cómo disimular ante la puerta, llegó un albañil cuarentón estirado y escuálido, con las manos aún enyesadas, tratando de aprovechar al máximo su pausa del bocadillo. Intercambió dos frases con aquella antagonista de Afrodita, ella sacó unas llaves y le hizo seguir sus pasos. Yo hice lo propio, a escasos metros de la pareja.

Las dos caras de la solvencia o “Afrodita y su antítesis”

El portón daba acceso a un amplio patio interior con diferentes bloques. Nos encaminamos al bloque número 4 y allí la puta se detuvo. Miró al albañil, luego me miró a mí y se quedó en silencio. Parecía pedirme que pusiera remedio a su sino, sin duda se notaba que no sentía atracción por el obrero. El hombre me contempló con indiferencia mientras echaba mano al bolsillo de su pantalón. Pagó la tarifa a la fulana, abrazó toscamente su cintura y desaparecieron tras los goznes. Yo di media vuelta e inspeccioné el patio. No había más putas a la vista. Llegué al primero de los bloques y deduje que el apartamento 1 debiera encontrarse allí. En el entresuelo del bloque, a mano izquierda, un pequeño panel iluminado por una tenue luz roja me hizo pensar que había dado con el enclave. Llamé al timbre y escuché el rítmico compás de unos zapatos de tacón aproximándose hacia la puerta. Los pasos se detuvieron súbitamente, seguramente para inspeccionar mi apariencia a través de la mirilla. Al cabo de unos diez segundos, al fin, una mujer vestida con pantalón vaquero y sujetador negro de encaje entreabrió la puerta y me invitó a pasar, esbozando una sonrisa. Me condujo a una sala de espera que había al comienzo del pasillo y cerró la puerta. Y allí me quedé, frente a un televisor apagado, hundido en el asiento de un confortable sofá de cuero de dos plazas, apoyado en mi macuto, esperando a que las mujeres en liza hicieran acto de presencia.

Alegoría de la doble moral

Pasaron 5 minutos hasta que la misma mujer que me recibió abrió de nuevo la puerta. Y fueron entrando, de una en una, 5 prostitutas de todo tamaño y apariencia. Había una rubia auténtica pero sin encanto, otra güera teñida con exceso de maquillaje, una morena enjuta, una pelirroja inexpresiva y otra morena un tanto rolliza, de elevado talle, que completaba el quinteto. Las miré de una en una mientras ellas sonreían, me desafiaban con la mirada o actuaban del modo en que ellas juzgaran que yo me pondría cachondo o daría mi visto bueno. Disfruté de una extraña y a la vez denigrante sensación de poder. Porque, realmente, multitud de dudas me acechaban. ¿Se sentiría decepcionada o satisfecha la elegida? ¿Sentiría solamente atracción por el dinero o quizá también por mi físico? Tampoco podía preguntarles porque más de una no sería honesta y yo no me percataría de ello.

Opté por la última de todas porque sus tetas eran grandes y bajo el sostén se intuía firmeza. Me cogió de la mano y me llevó a otra habitación mientras las otras cuatro compañeras desaparecieron en dirección opuesta.

El cuarto era limpio y estaba iluminado por aquella omnipresente y tenue luz roja. Me dio la mano para presentarse y el gesto me pareció cómico, ya que dentro de dos minutos estaría agarrando cualquier otra cosa. Fue una presentación muy artificial, ciertamente protocolaria, sin pasión alguna. Se llamaba Mariana y era de Polonia. Cuando me descalcé ella me ofreció algo de beber. Pedí solamente un vaso de agua, temeroso de que la bebida no estuviera incluida en la tarifa acordada. Cuando vino con el vaso de agua me dio también una toalla, me dijo que tomara una ducha y le pagase 150 zlotych. Eché mano a mi bolsillo y le di dos billetes, importe exacto. Ella sonrió y me dijo que no se demoraría más de 5 minutos.

Una vez bajo el chorro de agua caliente, me tranquilicé un poco. Pese a que empezaba a sentirme excitado, me consolaba pensar que en una hora daría tiempo a un doble asalto al menos. Fuera del baño se escuchaban ecos de voces animadas y más ruido de tacones, de una dirección a otra, caóticos como el movimiento de un electrón. Por un momento un vago temor me azoró, ya que mi equipaje estaba en la habitación de Mariana y no había cerrado la puerta con llave: ¿Era quizá lo de la ducha una excusa para entrar y robarme? Tampoco encontrarían gran cosa aparte de la cámara de fotos, pensé, ropa y más papelitos de esos que había encontrado por la calle. Esperé dos minutos a que goteara toda el agua de mi cuerpo y el vaho se disipara, antes de abrir la puerta de la cabina. Me sequé enérgicamente y me encaminé a la estancia de nuevo . Lo primero que hice fue echar un vistazo a mi mochila; ésta seguía en idéntica posición y las cremalleras no habían cambiado de posición, así que mis dudas se esfumaron al fin. Aún tuve tiempo de ajustar la alarma, ya que en 45 minutos tenía que estar en la estación de tren para recibir a Aga, ya más desfogado.

Al cabo de unos segundos Mariana abrió la puerta. Ahora que ya tenía el dinero en su poder ya no estaba tan habladora ni tan sonriente. Empezó a desnudarse y se tendió de espaldas sobre la cama, todavía con los zapatos puestos. Su piel era suave y tenía un bronceado artificial, de solárium. Un gran tatuaje ocupaba el tercio inferior de su espinazo, tenía otro más en su brazo derecho y un piercing brillante en el ombligo. No soy un amante de los tatuajes ni de los aros, así que la muchacha perdió gran parte del encanto al cual, pese a ser puta, parecía apuntar a primera vista.

Alcanzado el corazón, el amor nace por sí solo

-MARIANA: ¿Quieres que te la chupe con condón o sin condón?

POETA: Sin condón.

-MARIANA: De acuerdo cariño. Son 50 zlotych más.

-POETA: Entonces hazlo con. ¿Dónde puedo terminar?

-MARIANA: En mi cuerpo son 50, en mi cara 100, en mi boca 150 más.

-POETA: ¿Aparte de…?

-MARIANA: Sí.

Aquello me enfrió bastante. Sin embargo ella se encargó de ponerme a tono de nuevo. Me colocó el condón con la boca con una facilidad pasmosa. Normal, con tantas horas de práctica. Yo no podía evitar manosear su generoso y firme pecho. Ella se detuvo y, sin tener del todo vacía la boca, acertó a decirme “hazlo suave”. Su rostro era serio, no quise desconcentrarla y la dejé afanarse en su labor por unos segundos más. Era demasiado profesional y tuve que mandarle parar porque estaba a punto de venirme. En esto sacó un tubo de vaselina y empezó a untar en condón. A continuación se sentó sobre aquella mi lamprea y empezó a cabalgarme con movimientos mecánicos, en una sesión que parecía más de bricolaje que de sexo. Sus jadeos eran fingidos y lo único que parecía mirarme fijamente a los ojos era el vaivén de sus pezones.

Llega el momento de la publicidad. “Si quiere que su canasta no toque aro, úntese esto y entrará como un disparo”

Terminé en menos de tres minutos. Partido con goles pero sin espectáculo. Si hubiera dividido el precio del servicio por la duración del mismo, está claro que en dos horas a ese ritmo hubiera catapultado a Mariana a la alta sociedad por sus ingresos. Aquello de una hora era completamente falso. Era letra pequeña. La publicidad sexual es engañosa, ya que no ofrece lo que esperamos recibir, sino que limita lo máximo a lo que podemos aspirar si no metemos la pata. Qué rápido has sido, me dijo Mariana. Yo me limité a asentir con un ligero movimiento de testa, ya que la vergüenza y el ardor, aunque más bien lo primero, me impedían articular palabra. Volvió a darme la mano y salió de la habitación. Y allí me quedé yo, aún desnudo, mirando al techo como un subnormal y con la sensación de haber sobrevalorado el que, dicen, es el oficio con más antigüedad sobre la faz de la tierra.

17 Julio 2007

Quién nos iba a decir que aquella historia escuchada y reproducida en cassette iba a degenerar en una conmemoración señalada y en altercados. La cosa puede acabar como la sura islámica, si Jose no pone remedio. Rigurosamente cierto, no hay montaje, publicado en el diario El País el día 9 de junio de 2007. Sólo dos errores: no es una leyenda, y no lo grabó en video, sino en una TDK.Ah!, feliz San Tecnofucker a todos, por cierto. Aquí va el texto íntegro:

No invadirás el colegio mayor vecino

Unos 200 jóvenes se enzarzan en una batalla de globos de agua que disolvió la policía

DANIEL VERDÚ - Madrid - 09/06/2007

Cuenta la leyenda que un alumno del colegio mayor Chaminade tuvo la oportunidad de compartir cama con una mujer rusa. Presa de la emoción, al individuo se le ocurrió grabarlo en vídeo y editarlo con música tecno. La producción, claro, circuló por las generaciones sucesivas dando origen a San Tecnofucker. Una festividad que los internos del Chaminade (Ciudad Universitaria) celebraron ayer por la noche invadiendo dos colegios mayores, lanzando globos de agua y corriendo delante de la policía.

Unos 200 chavales de los colindantes colegios mayores Chaminade, Fundación SEPI y Alcalá -cuestan unos 800 euros mensuales y todos de chicos y chicas- participaron en este "juego", que es habitual en fechas de exámenes, tensión y altas temperaturas. "Todos los años hay este tipo de incidentes. Intentamos controlarlos, pero es difícil", explica José Ignacio Gautier, director del Chaminade. "Es una chiquillada, pero un día se puede descontrolar y pasar algo más grave. Hay que darle importancia", señala.
La velada comenzó sobre las once de la noche. "Fuimos al colegio Estudiantes para invadir su piscina. Pero no lo conseguimos. Estaba cerrado", rememora Javier, de 23 años, a las puertas del Chaminade. "Lo intentamos también con el colegio mayor Mara, que es de chicas". Y ahí sí tuvieron éxito. La policía de la zona se percató de las correrías y siguió de cerca a los jóvenes. Éstos, según cuenta el propio director del centro, hicieron un agujero en la verja del Chaminade para invadir el vecino colegio de Alcalá, con el que existe cierta rivalidad ideológica. "Se supone que somos los de derechas y ellos los de izquierdas. Pero no es una rivalidad tensa", explica Daniel Movilla, de 23 años, del Alcalá. "Pero esta vez se colaron en nuestro patio mientras los del Negro [la fundación SEPI], que también son de izquierdas, nos tiraban globos y piedrecitas". Hasta ahí duró la juerga. El padre Mayo, director del Alcalá, llamó a la policía e intervinieron unas siete patrullas. "Cuando les vieron, salieron corriendo", recuerda con cierta sorna uno de los invadidos. No hubo heridos ni detenciones. A la una, todos a la cama, que es época de exámenes.

Noticia -sin tecnofucker- en el 20 minutos : http://www.20minutos.es/noticia/245292/1/#

29 Enero 2007

Aquí va un relato conocido del poeta, verídico hasta la médula. creo recordar que la frase que lo cierra es mía. Bueno, y un tema social, que recoge la fotografía. es el testimonio gráfico de la agonía que sufrió Galicia en las inundaciones. Pedro, Ismael y el que esto escribe estuvieron en 2003 a limpiar las playas del célebre Prestige. Propongo volver, movido por el pánico que hay en sus rostros, la angustia de sus miradas.

TRES CANTOS PARA DÉVORA

Y yo me preguntaba por qué llevaba esas gafas tan absurdas si no hacía sol en la pista de baile. “Quizá sea epiléptica”- pensé. Pero no: era de Venezuela.

- ¿Tú y yo nos conocemos? –inquirió.
- No.
- ¿Y cómo que me miras así?
- Adoro las imitaciones en plástico.

Hizo ademán de sonreír, aunque al final me dedicó más el ademán que
la propia sonrisa. Deslizóse la montura Gucci por su tobogán nasal y me miró de arriba abajo y de derecha a izquierda, quizá esto último para cerciorarse de mi simetría corporal. Me besó en los labios sin ambages y se presentó.

- Soy Dévora.
- Yo Giuseppe.
- Invítame a una copa.
- Lo siento, he de irme ya.

Anotó su teléfono en un trozo de papel y volvió a besarme, exactamente del mismo modo que si le hubiera invitado a tomar algo. Hice bien en no acceder a sus caprichos: las negativas provocan fracasos; los empirismos, sólo desembolsos. Pero a la mañana siguiente no pude resistir la curiosidad y llamé.

- ¿Alló?
- Hola Dévora, soy Giuseppe.
- ¿Qué Giuseppe?
- El ingrato.
- Ah, sí. Acabo de levantarme. ¿Qué tal?
- Bien. ¿Cuándo nos vemos?
- Por la noche. Tengo que tomar un baño de espuma antes de trabajar.

Aquello sonó un tanto excéntrico, casi tanto como una carta pastoral. Fue a la segunda llamada cuando me dio la dirección y nos citamos. “A medianoche en el 19 de Espoz y Mina”. Tomé una cantidad respetable de dinero y una no menos desdeñable de profilácticos antes de salir de casa. El goteo era intermitente y las gárgolas, desabridas y jocosas, orinaban desde las cornisas. Cuando llegué no me esperaba nadie. Hostal Puri. Giuseppe y su paraguas. Al cabo de quinientos segundos apareció ella. Para ella no eran ni diez minutos de retraso, así que no se disculpó.

- ¿Adónde vamos, papi? –preguntó.
- A mi casa.
- ¿Dónde vives?
- A cinco minutos de aquí.
- Mira... pero no puedo. Tengo que regresar dentro de una hora.
- Hay tiempo.
- Mejor entra. Aquí fuera nos estamos mojando.

Olía muy bien toda ella y su ombligo me miraba con impúdico descaro. Su piel, de bronceado uniforme cual estepa en Ulan Bator, era muy suave y carecía de vello. Sus pechos opulentos estaban atrincherados en el profundo escote de un top violáceo. Miré sus ojos almendrados y analicé la situación, los pros y contras (la contra- reloj y la pro- miscuidad) en todo aquello.

- ¿Vives aquí? –inquirí
- Sí.
- ¿Por qué no subimos a tu casa?
- No puedo, vivo en el hostal.
- ¿Estás de vacaciones?
- No, llevo dos años aquí.

Asumida la derrota, entretanto, tomamos asiento en el quicio del elevador de minusválidos. Afuera seguía lloviendo.

- Amor, he de irme ya –dijo Dévora, resuelta.
- ¿Ya?
- Sí. Tengo trabajo.
- Pero... ¿dónde trabajas?
- Hoy trabajo en Tres Cantos.

Por las horas que eran, las prisas del furtivo encuentro y su voluptuoso físico, por un momento dudé si trabajaba allí o si ocuparse de tres cantos era su verdadero trabajo.

- ¿Tanto te urge, cielo?-inquirió
- Créeme: sí.
- Entonces sácatela.

Su frase fue un clarísimo ejemplo de estímulo- respuesta. El hall de entrada no confería excesiva privacidad, así que abrí mi paraguas para crear una atmósfera íntima y acogedora mientras ella se afanaba en su labor. La mala suerte hizo que alguien entrara en el portal casi al instante. Una pareja americana: el hombre admirando la longitud de las piernas que asomaban por debajo del paraguas y la mujer preguntándose por qué la cabeza no asomaba por encima.

A Dévora le dije lo mismo pero sin acento, aunque no me hizo caso. Levantó la cabeza y zanjó cualquier intriga.

- Me voy ya –dijo.

Lástima que yo no pudiera “irme”. Plegué el paraguas y pensé usar la funda para tapar otra cosa.

- ¿Y qué hago yo? –le pregunté.
- Puedes acompañarme... O no. Mejor espérame.
- ¿Y qué se te ha perdido en Tres Cantos? ¿Cuándo regresas?
- Eso no depende de mí, cariño: soy puta.

Me sentí insignificante, como la y en Espoz y Mina. La situación no era bochornosa sino más bien esperpéntica: yo corriendo tras ella, enarbolando un paraguas maltrecho en medio de aquel frío. Mi zapato naufragó en un profundo charco por una zancada a destiempo. El chof chof me chafó del todo. Dévora alzó su brazo izquierdo y los taxis peleaban por llegar en primer lugar hasta ella. Mientras tanto, me sentí incapaz de surfear aquella ola lateral que me caló del todo. Con la puerta entornada y la mirada perversa, me dedicó sus últimas palabras de la noche.

- Llámame en una hora si quieres. Habré terminado.

Pero ni eso me duró la fe. Así que volví sobre mis pasos, ya hacia casa, derrotado. Y dije lo que se suele decir en estos casos: zorrón y cuenta nueva.

8 Diciembre 2006


Conocemos la faceta literaria de Jose Alberto, pero está más escondida su esquina reflexiva. Como es un hombre prolífico aquí nos manda un excelente reportaje que pongo como enlace: SOBRE CELOS, AUTORREPROCHES Y OTROS MODOS DE CENSURA

PD: En la imagen, Jose Alberto adorando la loseta del kilómetro cero en la Puerta del Sol madrileña

13 Julio 2006

Desde la presidencia del Club quiero agradecer a Jose que siga mandando contenidos en etos duros días estivales de calor, aunque aviso que nuestro poeta estará ausente tres semanas. Pasalo bien.
POr otro lado Eva me ha comentado los problemas que hay con la página del Club en el teletexto de A3 (pp890). Lo he estado mirando y estoy pensando cambiarlo de sitio, en cualquier caso si os da problemas avisadme, y gracias Eva por la rápida información.
Os dejo con 'Aquí huele a Chamusquina'

AQUÍ HUELE A CHAMUSQUINA

La noche tiene esencia de lujuria, esencia de alcohol, de multas por aparcar en doble fila, de recibos de tarjeta de crédito que descubrimos a los dos días. La noche, en fin, es una mezcla de esencias. Pensé en aquello por primera vez mientras un camión de la basura terminaba su intempestiva batida. Estaba en horas bajas; no sé por qué pero me acordaba de Alexia. Siempre he asociado la noche con malos olores, con fracaso, con frustración. Por la noche estudiaba mis exámenes, por la noche regresaba a casa apestando a nicotina, por la noche de cuando en cuando tenía poluciones. Pero no siempre ese azabache surcado por estrellas tiene que tener connotaciones oscuras.

El año estaba a punto de terminar, así como mi paciencia. Envidio a todos esos países que terminan de celebrar la Navidad el 1 de enero. No había comprado lencería roja, ni siquiera cerillas para quemar papeles con promesas estúpidas. Los gurús mentalistas psudopsicólogos de filosofía barata nos enseñaban a cómo vivir la vida desde el otro lado de la pantalla. "Meted un papelito en un pastillero, escribid en él lo que os está haciendo más daño, metedlo en el congelador y esas personas o circunstancias adversas cambiarán a mejor". Miranda acababa de dejarme y su amistad se me antojaba fría. Por eso dudé en meter el pastillero al congelador o al microondas. Para más inri el pastillero era metálico, así que el microondas petaría. Todo era un círculo vicioso, abrí la ventana y tiré el papel. Hacía suficiente rasca como para que la escarcha le durase unos días.

Al final quedé con Sergio, un paisano al que conocí en Copenhague, que ya había terminado el cuatrimestre y regresaba a una de tantas ciudades peninsulares, criadero de rubias de bote: Zaragoza. Fuimos al 976. Hace unos años dejó de existir como prefijo para llamadas dentro de la provincia, hoy su único legado es una sala de baile con el mismo nombre. El portero es un tipo rumano fortachón e inculto, como cualquier otro portero de discoteca. Comienza la ruleta de la fortuna. Unos entran gratis, otros pagan 5 euros, otros 35. Lo que le venga en gana. Es su modo de joder a la gente y de paso hacer cálculo mental. Caímos en una casilla de dos cifras que nos sumía en bancarrota, así que sabiamente cambiamos de destino y nos dirigimos a Café Hispano.

Café Hispano siempre ha sido un feudo de divorciadas, peluqueras con mechas imposibles, adictas al trabajo que bailan con el vaivén del rodillo de una Hermes del 57, recién operadas que esperan la ovación del admirador indiscreto con el que jamás se acostarán pero que les hará sonreír... Mujeres que despiertan pasiones, que acaparan multitudes, pero solas en la vida, como casi todos cuando llegamos a cierta edad. En Café Hispano sólo hay cuatro tipos de hombres: calvos, bigotudos, culturistas o jovenzuelos curiosos, a menudo con acné y sin un chavo en el bolsillo. El local es amplio y las camareras consiguen con sólo agacharse a por hielos que las bocas de todos esos amantes potenciales, solitarios o carentes de sexo, se abran como la de un cochinillo atragantado por una manzana en un restaurante de postín del centro de Segovia.

La indumentaria de muchas mujeres allí congregadas supera con creces el ridículo de María Jiménez en traje de plumas cantando a Sabina. Podría decirse incluso que la media de edad allí era la Edad Media. De todos modos tuve suerte y vi a dos mujeres que aún no habían recibido la puntilla de los cuarenta. Sergio apuraba su cerveza a tragos desmesurados mientras yo iba al baño a mear. Al regresar reparé en una mujer de rasgos latinos y pecho abundante, firme y escotado que bailaba con un patoso engominado que me lanzaba miradas disuasorias. Lo curioso es que la chica me miraba y sonreía con dulzura, yo me sentía en necesidad de corresponderle y el hombre la abrazaba con falso disimulo. Se trataba de un confuso triángulo de deseos insatisfechos. Al poco rato desapareció y me puse a hablar con ella, le insinué que no mirara de ese modo mientras bailaba con su marido. No era su marido. Mi siguiente insinuación fue que no me mirara de ese modo mientras bailaba con su novio. Tampoco lo era. Ni siquiera amigo. De hecho estaba deseando que se largara. Asimilada esa contradicción en su conducta le insinué que no me intimidara de ese modo apuntándome con sus pechos, que mejor me hablara de perfil. Bailamos un poco y empecé a inventarme mi propia historia.

Sergio terminó bebiéndose mi cerveza, ahora a pequeños sorbos, disfrutando del espectáculo. Ruth, que así se llamaba, tenía 39 años. "Nadie se cree que mi hija vaya al instituto, más bien al contrario, me preguntan que a qué guardería la mando". A simple vista parecía guapa, incluso el déficit de belleza al encenderse todas las luces por cierre de local resultaba inapreciable. "¿Cómo te vas a casa?", preguntó Ruth. Andando, le respondí. "¿Y te pilla de paso?". No exactamente, pero te acompaño unos minutos.

La caminata duró media hora, me habló un poquito de su país, Colombia, de su hija, de su ex-marido, incluso de su ex-amante, un policía nacional que la dejó plantada por la amiga de aquélla. Yo dije que era costaricense afincado en Copenhague. Ella bromeaba sobre mi acento neutro, irreconocible. Y es que todos, Marcelo y Pedro sobretodo, conocen ese acento. Le acompañé hasta su portal, me invitó a entrar porque hacía frío pero yo sólo lo sentía en mis manos. Ella se ofreció a calentármelas y a los pocos minutos estábamos en cueros junto al cuarto de las calderas, escaleras abajo. Cuando tuve esos dos obuses del amor delante de mi boca empecé a devorarlos con mayor avidez que Carpanta un jamón de pata negra. Ruth me puso burrísimo y estuvimos a punto de hacerlo sobre unos cartones, pero me confesó que era precisamente junto a ese cuarto de calderas, en el entresuelo, donde vivía. Y su hija probablemente estaría despierta viendo la tele en el salón. Volví a casa contrariado, erecto y con las manos frías. Dura combinación.

No sé por qué le envié un mensaje. No le decía nada especial, simplemente que tuviera un buen día en el trabajo y que suerte con todo. A continuación borré su número de la agenda y me olvidé de ella. Sin embargo a las pocas horas Ruth empezó primero a mandarme mensajes, luego a llamarme. Lo curioso es que los mensajes los mandaba justo después de sus interminables charlas al otro lado del auricular y eran rematadamente estúpidos.

En uno de ellos me decía: "Hola".

Yo, como soy un caballero, le respondí de idéntico modo. Al cabo de un par de minutos me llegó otro mensaje algo más extenso: "¿Qué tal?" -decía.

"Bien", repliqué.

Ruth me asombró con una frase provista incluso de verbo, lo cual la elevaba al rango de oración gramatical: "¿Puedo preguntarte una cosa?"

Lógicamente yo le respondí con un escueto "Sí".

Ruth volvió a decirme cuatro cosas, nunca mejor dicho:"¿Podríamos vernos de nuevo?"

Y llegados a este punto dudé entre poner "sí" o "bis"...

Me agobiaba con sus llamadas, por la tarde, por la noche, de madrugada. Yo le soltaba burradas. A veces hablábamos de cosas más serias, como literatura. Pero cuando toqué el tema de Apollinaire y ella me dijo que también tenía alergia a eso y a las gramíneas decidí darla por un caso perdido.

También hablábamos de sexo. Cuando los consejos de los gurús televisivos huelen mal y la Navidad apesta, las pocas oportunidades de follar gratis que te ofrece la vida huelen de maravilla. No podíamos quedar en su piso por su hija, así que me propuso ir a un parque o pensar en una solución alternativa. Me puse a leer a fondo el Heraldo en su sección de contactos, algo que no hacía desde mi pubertad. Di con unos apartamentos llamados "Mercedes", que se alquilaban por horas o noches. Con dos horas tendría más que suficiente, pensé, pero la broma no bajaba de los 35 euros. Una hora eran sólo 20, pero vaya, más vale que sobre un poquito, pensé. Le envié un mensaje crudo pero lógico: "Los apartamentos están en el barrio de Delicias. Salimos a 17'5 euros por cabeza, dime hora y día" A partir de entonces le dio por hacerme preguntas retóricas del tipo "¿Es que sólo te apetece follar?", aunque no lo preguntaba con enojo sino con desilusión. Ella buscaba algo más. Algo que no es serio pero en verdad lo es. Porque una mujer a la que te folles más de una vez siempre volverá, como Terminator.

Ruth seguía llamándome y preguntándome cosas ridículas, yo mientras tanto seguía preguntándole por sus tetas y aleccionándola en la medida de lo posible sobre lo provechoso de no follar a oscuras, de ir más allá del misionero y de saber corresponder el sexo oral. Yo siempre he tenido una teoría sobre eso: si somos capaces de lamer el borde de los sobres para cerrarlos, ¿por qué no de lamer otras cosas, llámese bajar al pozo o amorrarse al pilón? Ruth me dijo que no la chupaba hasta que no cogiera confianza con la otra persona. Y es que la confianza en pareja parece radicar en lo rápido que te la empiecen a chupar, pensé. Por eso irse de putas genera tanta confianza recíproca: a ellas porque saben que cobrarán, a ellos porque saben que se la chuparán. Resultaba curioso, en suma, todo ese rato de charla. Ella se aburría y me llamaba. Yo me resentía y me desahogaba.

Por fin un día me llamó desde el trabajo, limpiaba en una casa de buena familia, en mi barrio, junto a un parque. Los dueños se iban a celebrar el fin de año al Pirineo y ella se quedaba sola. Nunca entendí por qué me decía eso si al yo proponerle encontrarme con ella allí se escandalizaba y cambiaba de tema. Finalmente accedió y me ahorré 17 euros con cincuenta.

La contraseña para entrar era complicada. Ningún vecino podía verme y había portero físico. Afortunadamente en la puerta de entrada figuraba el nombre y apellidos de cada inquilino, así que cuando me preguntó dije uno al azar. De todos modos siempre hay cierto factor de riesgo en todo eso porque puedes decir el apellido del portero y él sospechar del asunto porque le huele mal...

Noveno cuarta. Caminé a gatas desde el ascensor hasta la puerta porque Ruth nunca acertó a entender que las mirillas no están hechas solamente para mirar de frente, pero en fin, qué se puede esperar de gente alérgica a cierto escritor francés y a las gramíneas...

Ruth me recibió como una vieja gloria, como la caída de Roma, como alguien que está en horas bajas... No llevaba maquillaje, caminaba descalza y vestía un antiestético tejano, ceñido al menos, y una camiseta que regalaban con la "bati-cao" hace muchos, muchos años. Me di cuenta entonces de que era enana, que sus manos apestaban a lejía y que esos obuses del amor, esos gruesos volúmenes donde encajar un marcapáginas que crece por instantes, esos flanes con guinda, flotaban libremente bajo la prenda de algodón y caían a plomo sobre el ombligo. La firmeza es una propiedad concomitante a toda belleza, cuando menos a todo valor añadido en el sexo. Lo firme está erecto, lo firme no está fofo. A lo peor, puede estar escayolado.

Ruth me explicó cómo moverme por la casa para no cambiar nada de lugar, ya que temía ser descubierta. "Seguro que hay cámaras", me dijo. Al final no terminamos en una habitación sino simplemente retozando en el sofá. Ella se quedó en silencio y me pidió que no hablara "Hay cámaras", volvió a repetirme. Mordía un cojín para no gemir y permaneció hiératica. Por supuesto, duré tres minutos y me quedé con una extraña sensación, como si fuera un necrófilo. Lo cierto es que no llegué a comprender por qué guardar silencio si había cámaras y éstas captan imágenes... Me limpié en el cuarto de baño con un albornoz de rizo que encontré a mano. Ruth entró ya medio vestida y sorprendida de la brevedad del encuentro. No me dijo nada, nos despedimos con un beso y quedamos en seguir hablando, aunque probablemente no nos veríamos más y esto era de mutuo acuerdo.

2005 terminaba con un bagage de 16 mujeres, 9 nacionalidades y 2 continentes en el casillero de mi lista del folleteo. Pedro de Arencibia no las tendría ya todas consigo. Amor a granel por doquier.

Apenas salí de aquel lujoso piso recibí otro mensaje absurdo:
"Quiero preguntarte algo" , rezaba.
"¿Qué?", respondí.
"¿Dime, Holía mal?".

Olor a decepción. Olor a ignorancia. Olor a sentirnos espiados por cámaras ficticias. Holores extraños, aquellos por los que Ruth me preguntaba.

Tanto hablábamos de esas cosas los días precedentes, en mi vano afán de aleccionarla para que luego ni siquiera me la chupara por falta, parece ser, de confianza, que le relaté mi experiencia con Alexia. Ruth se había hecho un buen cortafuegos allá abajo y estaba rasurada como un pollo de a pieza. Tres minutos es poco tiempo pero da tiempo a todo, a bajar al pozo incluso. Sin embargo tres minutos es tiempo que apremia, viaje relámpago al primer umbral que atravesamos al nacer y terminar al poco rato, antes de limpiarme con un albornoz de rizo en el cuarto de baño. No olía mal. Simplemente no olía.

La vida está llena de olores. Los olores de lo mío con Ruth fueron variables. Dulces la primera noche, empalagosos en sus llamadas, inquietantes en las estribaciones de nuestro único encuentro, inexistentes al bajar al pozo, estridentes al descubir ciertas faltas de ortografía. Un olor que cambia, pero no a mejor. Faltaba el gurú navideño de promesas depositadas en pastilleros metálicos. Ruth volvió a preguntarme varias veces si "holía" mal, jamás le respondí, decidí dejarle con la duda porque hay cosas que se sienten y no hace falta preguntar. Nuestro encuentro olía mal, aroma de asco por una vida injusta para ella, aroma de dolor por un corazón roto por una holandesa para mí. Algo empezaba a oler a chamusquina, ciertamente. Había que levantar un poco el pie del acelerador y no saltarse más desvíos en una vida bastante desprovista de alicientes, la mía, por aquellas fechas. Y al final el gurú embaucador, aquel encuentro, seguir pensando en Miranda, la Navidad, la abulia, mi estulticia casi crónica en suma, irían todos al congelador y desbordarían aquel pastillero que no daba a basto para tantas cosas que deseaban ser olvidadas.

La vida está llena de olores. Olámosla y olámonos.
¡Me cago en diez!

13 Julio 2006

* EL CLUB Y LA DIRECCIOJN DE ESTE BLOG NO SE HACEN RESPONSABLES DE LOS POSIBLES DAÑOS COLATERALES, ASÍ COMO NO TIENEN PORQUÉ SUSCRIBIR O COMPARTIR LAS OPINIONES Y JUICIO S DE VALOR AQUÍ VERTIDOS.

MI MECENAS POLACA

Podría apellidarse Thyssen, o Médicis, o tener vínculos con cualquier otra familia de inclinación filantrópica. Pero no. Ni vive en Venecia ni tiene un palacete en la Costa Brava, ni siquiera juega a polo o usa pamelas en verano...

Damas y caballeros, tengo el honor de autopresentarme como un individuo entranable y aprovechado al que le ponen en bandeja una vida de fábula y autoservicio... Y les presento a mi beneficiaria, a mi mecenas, Kinga Zalewska.

Polonia la vio nacer hace 5 lustros. Su cara dice a gritos que es polaca, aunque su refinamiento y honestidad es típicamente danés. Lleva media vida viviendo en este país plano y estructurado como un muneco lego. Trabaja en la consulta de un dentista, adora Italia y sus parejas siempre han sido de tez morena y amplia solvencia económica. Hasta que rompí la tradición.

Con Kinga estoy aplicando una táctica infalible, el pasotismo velado. Consiste en que la mujer sepa que te apetece verla de vez en cuando pero que tu vida es igualmente feliz, incluso más si cabe, si no tienes noticias de ella. Eso y una sinceridad sin tapujos hacen el resto. Explico a continuación los prolegómenos:

-Primera semana de diciembre, primer aniversario de "la holandesa que me jodió". Termino de trabajar en el restaurante- discoteca y tengo tickets para cervezas. Son numerosas las mujeres que rehuyen mi mirada porque saben que sólo quiero hablar con monosílabos y sobre un somier. Me lo tomo con calma. Recuerdo a Humphrey Bogart dando consejos a Woody Allen en aquella película. Hay que tener aplomo y seguridad. Hay que ser Napoleón, cojones. A mayor descaro mayor reintegro toca. Porque cuando el descaro va acompanado de aplomo nuestras intenciones parecen serias y se nos respeta.

Bailaba en mitad de la pista una mujer rubia de mirada azul, con cuerpo tipo "vivienda de protección oficial", es decir, no un palacio pero sí apanado, "con posibilidades". La miro y me sonríe. Otros tantos la miran, porque la chiquilla va un poco bebida, y también sonríe. Es un jodido joker danzarín. La agarro del brazo. Sí. He dicho agarro. Porque si acaricias el brazo se asustan. Si lo oprimes y lo sueltas te miran con mala cara, como si pulsaras el botón de "stop" del autobús y ya sólo por eso quisieras que las puertas quedaran abiertas de par en par. Las cosas serias en la vida siempre se agarran. Nos la agarramos por la noche cuando las mujeres no visitan nuestra alcoba. Nos agarramos una buena cuando la fiesta va en serio. Agarramos un resfriado si el frío es de verdad. Y la agarramos del brazo si de verdad queremos decirle "cojones, párate quieta un momento".

A partir de ese momento la diferencia entre una mujer y un saltimbanqui la marca lo coordinado o descoordinado de nuestros movimientos. Porque ella se deja llevar. Sí, sí... No olvidemos que "la hemos agarrado" y ella sabe que vamos en serio. A continuación le sonríes. Una vez y basta. Que no se crea que vives en una sonrisa constante. Sonríele cuando no se lo espere, porque si no te pondrá una mueca seria de un momento a otro y te quedarás con cara de gilipollas. Hazlo al revés y así será ella la que se quede con cara de eso mismo. Porque hay que desconcertar, hay que hacer la bicicleta, hay que regatear.

Y yo sé regatear, pero siempre me pasa lo que a Abreu. Mi vida sexual suele estar definida por ese apellido. Así que no celebré el gol antes de disparar. La besé y ella se dejó. Pero pronto hizo de las suyas. Me dejó el abrigo y el bolso y se fue a bailar con unas amigas. Cuando regresó estaba malhumorada, ya que su abrigo competía con la alfombra en tapizar el suelo de madera y el bolso colgaba alegre de un vértice de la barandilla. "no soy tu perchero, el ropero está abajo". Y es entonces cuando ella te pide perdón y te come a besos para recuperar tu interés.

"Me gusta tu mirada", me decía. Eso está bien. Tenemos un arma a nuestro favor. Hay que mirarla. Con o sin descaro, si le gusta nuestra mirada seguirá pensando lo mismo a menos que forcemos una pose "Dioni" síaca.

"Te doy mi teléfono si quieres verme" - me dice.
"No quiero teléfonos. Apunta el mío y si quieres me llamas"

Que te dé el teléfono ya te carga de responsabilidad, te obliga a dar el primer paso... Pero es mejor seguir las pisadas para no perdernos y para no quedarnos sin saldo, así que por eso le di el mío.

Nos vimos al día siguiente, me invitó a dos cervezas y la subí a casa de unos amigos... porque mi habitación estaba realquilada. No se dejaba hacer demasiado. Ante eso es mejor no rogar. Hay que comportarse como una estatua. Así que era ella la que me abrazaba y la que se dio cuenta, a fuerza de zarandearme, de que estaba un poco frío. Se fue y no le llamé. Ni en ese ´momento ni en las horas siguientes. Los mensajes de madrugada no funcionan. Y sólo había que esperar... Ella me envió un mensaje pidiendo disculpas, invitándome a desayunar. Asentí y rehusé hablar de la noche anterior. Hay que actuar como si nada hubiera pasado. Y actué como una persona completamente desinteresada en el sexo. Así que Kinga volvió a la carga, volvió a invitarme a desayunar a la manana siguiente. Y a la siguiente. Al fin, a la cuarta, me preguntó: "Y tus amigos?Están en casa?" "No. Por qué?" "Porque podríamos cambiar de sitio. Quizá allí podamos tomar algo".

Las mujeres llaman "tomar algo" a "echar un polvo porque necesito reivindicarme como mujer ante tu pasotismo sexual". Ella hizo todo, se desnudó y me desnudó y no protestó aunque me corriera en 3 minutos. Es mi tiempo estándar cuando estoy excitado o soy profano en una nueva mujer.

No he fingido mi personalidad con ella. Me preguntaba por mujeres, yo le respondía. Sí, a esta le olía el cono, ésta no disfrutaba con el sexo oral y la dejé, aquélla no cambiaba de postura y era aburrida, esta otra protestaba porque me corría en tres minutos y yo no soy un puro objeto sexual. Así que la mezcla ya estaba preparada: Kinga rasurada, perfumada, ávida de sexo oral aunque no fuera correspondido, comprensiva con eyaculaciones precoces y muy instruida en el kamasutra. Aleccionar a la mujer es un capítulo importante. Si a una mujer le pides que se afeite el potorro seguramente te mandará a la mierda. Pero sin embargo si le relatas una experiencia negativa que tuviste en el pasado ella puede sentirse reflejada en el presente y a nadie le agrada ser segundo plato, quien dice segundo plato también segundo ejemplo.

Llegó Navidad. Ella no paraba de mandarme mensajes. Le gustaba tenerlo todo apalabrado y me fui despidiéndome "hasta la próxima" aunque me ausentara por 5 semanas. Y es cuando avasallas a preguntas a una mujer para planificar el futuro cuando ella se agobia y es cuando actúas con naturalidad y sin plantear mil dudas cuando ella te las plantea y se sincera:

-Se supone que no puedo follarme a otros en este tiempo?
-Vas a follarte a otras?
-Qué tal follo?
-No aguanto la emoción de verte en 27 días
-No aguanto la emoción de verte en 26 días
-No aguanto la emoción de verte en 25 días
.....
-No aguanto la emoción de verte en 24 minutos
...y así sucesivamente.

Le dejé claro que no quería nada serio, que una vez a la semana estaba bien, hablar de vez en cuando y follar, que no es ninguna barbaridad sino una necesidad fisiológica que debiera practicarse tan a menudo como la de cagar u orinar, aunque en este segundo caso conviene ser un donjuán o tener pareja estable, por esto de que se micciona 3 ó 4 veces al día.

Ella no usa su dinero para retenerme. Ella de vez en cuando protesta pero siempre puedes darle la vuelta a la tortilla y llevar razón y hacerle sentir culpable. He aquí algunos ejemplos:

-"Creo que no puedo seguir contigo. Me gustas mucho pero no soy como una chica danesa que te ve una vez a la semana, te folla y ya está. Si no me aseguras verte más veces por semana no quiero continuar"

Ante un mensaje asesino y que pretende enternecerte procede una respuesta inteligente:

"POR QUÉ ME TOMAS? POR UN OBJETO SEXUAL? ES QUE SÓLO QUIERES VERME PARA FOLLAR?´NO ME ESPERABA ESTO DE TI"

Y la disculpa es inmediata. Entonces el abanico de posibilidades se despliega: ir al cine, a visitar estos jardines, a cenar a un restaurante. Y todos con una coletilla al final: "don´t think about the money!". Olvidé un paso intermedio... Cuando ella propone actividades yo, hábilmente, pido informaciones:

"ESTÁ LEJOS EL CINE PARA IR EN BICI? ACEPTAN CARNET EURO-26?"

Ahí ella te responde que ya ha reservado tickets para dos , no sólo de bus sino de cine... y que no te preocupes.

Una táctica para agradecer su generosidad y a la vez compadecerte de tu miseria económica es la siguiente:

"MUCHAS GRACIAS POR TODO LO QUE ME OFRECES. LAMENTO NO SER TAN DETALLISTA CONTIGO, SABES QUE LA VIDA DE UN ESTUDIANTE EXTRANJERO ES DURA Y CON LIMITACIONES..."

Entonces ella te da las gracias a ti y te agasaja y te ofrece ayuda, aunque he de aclarar que llegados a este punto no he usado por considerarlo abusivo...

"pero tú me das tu tiempo y eso es el mejor regalo. Todo lo que te ofrezco es porque me gusta y me apetece. Sé que es duro vivir fuera de tu país. Si necesitas ayuda con el dinero dímelo"

Kinga lleva dos meses preguntándome cuándo es mi cumpleanos y mes y medio preguntándome qué sorpresa quiero. "LAS SORPRESAS NO SE PREGUNTAN. HAY QUE SORPRENDER. A CABALLO REGALADO NO SE LE MIRA EL DIENTE"

"dónde escuchas música?"
EN ESTE RADIO CASSETTE
"dónde lo compraste?"
ME LO HAN PRESTADO. ES LO ÚNICO QUE TENGO.

Eso le da que pensar y te manda un mensaje por la noche:

"estoy pensando si prefieres que te regale un cd-player o un mp3, ya que tienes muchos cd´s. Dime tu dirección y apellidos para mandártelo por correo"

Y es entonces cuando le respondes usando todas las argucias a tu alcance para decirle indirectamente que no solamente quieres un mp3 sino el más caro del mercado...

"ERES MUY AMABLE. MI BUZÓN ES PEQUENO, SERÍA MEJOR QUE LO TRAJERAS TÚ Y ASÍ TE LO AGRADECERÍA EN PERSONA. CREO QUE UN MP3 ES MÁS ÚTIL POR SU TAMANO REDUCIDO, POR SU ENORME MEMORIA QUE TE PERMITE ESCUCHAR 50 HORAS DE MÚSICA Y PORQUE ALGUNOS PERMITEN TAMBIÉN GRABAR VOZ"

A ello te responde agradecida "te lo daré en persona, tienes razón con lo del mp3 y lo del buzón... Por cierto, el 26 de febrero puedes dedicarme toda la noche? No te enfades, no me refiero a follar toda la noche pero podíamos ir a cenar. Podría reservar mesa. Y esto no tiene nada que ver con tu cumpleanos..."

Es una ventaja venderte como algo más que un mero objeto sexual. Primero ella se sintió así y por eso me reclamó más horas de atención. Luego fui yo quien protesté por sentirme un objeto de placer y ahora es ella quien se autodisculpa si aspira a dos polvos consecutivos, sobretodo ahora que duro más de tres minutos y de vez en cuando bajo al pozo...

Mi maquiavélica mente me hizo pensar en lo siguiente:

-SI ME REGALA EL MP3 ANTES DE SAN VALENTÍN, EN SAN VALENTÍN ME REGALARÁ ALGO MÁS. Por eso estoy tratando de quedar antes del 14 de nuevo con ella...
-SI LA CENA NO TIENE QUE VER CON MI CUMPLEANOS, ENTONCES EL 24 ME DARÁ OTRA COSA...

Porque lo que pretendo evitar a toda costa, en vista de la lluvia de regalos que puede elevarse a 4, es que tarde en verla hasta el 26 y me diga a la hora del postre "aquí está el mp3" y yo me pregunte "y esto es todo?"

Transcribo a continuación una serie de mensajes que suben la autoestima, traducidos del inglés al espanol, remitidos por mi mecenas durante las últimas semanas. Ordenados, eso sí, escrupulosamente:

"ESTOY ENCANTADA DE VERTE. Y NO QUISE DECIR ESTE DOMINGO SINO EL SIGUIENTE. NO ME IMPORTA QUE SEAS POBRE O RICO, ME GUSTA COMO ERES. EL DINERO NO SIGNIFICA NADA PARA MI. QUÉ TIPO DE COMIDA TE GUSTA?"

Tengo en proyecto sacar el tema en alguna conversación, ya que dije "la carne" y carne hay en muchos sitios... Pero ninguna como el chuletón del restaurante "la vaca argentina".

"JOSÉ , POR FAVOR, DAME LA OPORTUNIDAD DE DEMOSTRASTE QUE NO SOY COMO LAS DEMÁS CHICAS"

Venía a colación de que quería verme más veces por semana y que no quería follar sólo un día a la semana. Responder que follar no lo es todo y que no tiene que demostrarte nada es suficiente para que se cambien las tornas de la cuestión y ella se sienta como una ninfómana y te pida mil perdones.

"JOSÉ, ESTABA PENSANDO QUE CUANDO ME DEN EL PISO NUEVO TAL VEZ PODRÍAMOS PASAR UNA NOCHE ENTERA JUNTOS. POR SUPUESTO QUE NO PRETENDO HACERTE FOLLAR TODA LA NOCHE, HAY OTRAS COSAS QUE PODEMOS HACER. PUEDO PEDIR ALGO DE COMER O ALQUILAR ALGUNA PELÍCULA"

Hasta el momento no he dormido con ninguna mujer, aparte de con Miranda, en este país. Es la ventaja que tiene, aquí se folla y se habla y se va cada uno a dormir a su casa y duermes tan ancho y te sientes feliz. En medio de tanta depravación mi corazoncito acierta a decir que sólo se disfruta durmiendo en pareja cuando esa chica es importante para ti o cuando tu cama es suficientemente ancha. La mía es de 90 así que no hay elección posible.

"AL FINAL HE LLEGADO A CASA... SÓLO ESPERÉ 5 MINUTOS EL BUS . AHORA ESTOY EN LA CAMA Y TODAVÍA PUEDO SENTIR TU OLOR. SIEMPRE LO HAGO AL DORMIR. ES AGRADABLE. PIENSO QUE LOS PERROS TAMBIÉN HAN NOTADO TU OLOR Y LES GUSTA. ESCRIBE SÓLO CUANDO TENGAS TIEMPO O TE APETEZCA"

...llegados a este punto no sé si setirme halagado poniendo cachondo a un cuadrúpedo... pero en fin, a mi favor diré que aquí los perros no son como los de la canción de Nacho Vega y no se ponen tristes cuando eyaculo.

No debería reprocharle nada pero es ella misma la que se da cuenta a los 5 minutos ...

"SIENTO MOLESTARTE PERO QUERÍA DISCULPARME POR EL SMS. SÉ QUE NO DEBIERA HABERLO HECHO PORQUE NO TE GUSTA HABLAR SOBRE SENTIMIENTOS Y PORQUE SÉ QUE SÓLO ES SEXO LO QUE TENEMOS. LO SIENTO, NO SE VOLVERÁ A REPETIR"

Bueno, bueno... tampoco es que sea un ser humano vil y cruel sino simplemente sincero. Es una chica agradable, cuyo único defecto es que me quiera de verdad y yo no de la misma manera y que , por otra parte, tenga algo de chicha en la tripa... sin llegar a estar gorda. Pero uno es sincero y humano y acierta a responderle:

"si sólo tuviéramos sexo te despacharía nada más correrme. Lamento que no pueda ofrecerte tanto como tú a mí. No te disculpes y sé tú misma" Su réplica es comprensión y docilidad al 200%. Sólo me falta contratarla para un circo y decirle "ale, Kinga, salta por el aro!"

"ESTOY ENCANTADA DE ESCUCHAR ESO PERO YO SÉ QUE TÚ NO PUEDES DARME LO MISMO Y LO ENTIENDO. A VECES NO SÉ EN QUÉ PUNTO ME ENCUENTRO Y POR ESO NO SÉ QUÉ DEBERÍA O NO DEBERÍA ESCRIBIRTE EN UN SMS. Y NO ESPERO NADA DE NOSOTROS. ME GUSTARÍA PERO SÉ QUE NO ES POSIBLE Y LO RESPETO"

Y cuando ya te sientes mal porque no le regalas nada aparte de tu tiempo y le das las gracias ella te ataja:

"NO TIENES QUE DARME LAS GRACIAS. TODO LO QUE HAGO LO HAGO ENCANTADA"

Pero sin embargo el grado de tolerancia y sometimiento no es total. Un buen ejemplo de análisis es el momento de correrte. Si lo haces en su cara, queda demostrado, no significa que ella lo acepte porque le gustas. Los gustos sexuales van separados de los gustos personales. Quiero decir, si alguien te gusta de verdad estarás dispuesto a todo... pero no podrás évitar protestar por ciertas cosas.

Ejemplo:

"AHORA QUE LLEGAMOS A HACERLO DOS VECES EN UN DÍA QUIZÁ NO TENGAS QUE BUSCARTE OTRA MUJER PARA HOY ;-)
CUANDO EL CONDUCTOR DEL BUS ME MIRÓ A LA CARA ME SONRIÓ Y DEBÍA PENSAR "ESTUVO BIEN, EH?" PODÍA VERLO EN SUS OJOS...
LA PRÓXIMA VEZ INTENTARÉ NO PONERME MAQUILLAJE PORQUE SIEMPRE REGRESO A CASA SIN ÉL. RECUERDA QUE TE VOY A DESPERTAR A LAS 6 DE LA MANANA, SIMPLEMENTE PORQUE DECIDISTE CORRERTE EN MI CARA ...
JOSÉ, DEBES RECORDAR UNA COSA... PUEDES BESAR MI CARA Y TOCAR MI CARA PERO NO CORRERTE EN ELLA!
DE TODOS MODOS FUE AGRADABLE VERTE DE NUEVO Y ESPERO QUE NOS VOLVAMOS A VER PRONTO"

He de reconocer que me pasé... son tantas las danesas que se lo tragan todo ( hasta las mentiras) y tan pocas las que sexualmente he catado... ( últimamente me tocan híbridos polaco -daneses y de otros países) que ayer liberé toda mi furia como un aspersor. Algo colgaba del lóbulo de su oreja, moldeó su pelo, invadió su pupila e hizo hoyo en la nariz.

No obstante tenía un mensaje preparado, infalible, haciendo valer mi aplomo, imponiendo la dictadura de " para todo hay una primera vez; ahora que ya lo has probado sigue adelante":

"Sí, tendremos tiempo. Así que tu fin de semana va a estar bastante ocupado con la nueva casa...
Por qué no correrme en tu cara? Pero si es bueno para el cutis!
Además así, cuando tengas 60 anos, las vecinas celosas te preguntarán cuál es tu secreto para tener una piel tan tersa..."

Y aquí he fracasado. Ahora es ella la que me ha hecho el quiebro y me ha dejado sentado:

"QUERIDO JOSÉ: ESTABA PENSANDO QUE SI ESO ES BUENO PARA LA PIEL LA PRÓXIMA VEZ PUEDES CORRERTE EN MI CARA Y TE DARÉ UN POCO POR LA TUYA. SERÍA AGOÍSTA QUE SÓLO YO ME APROVECHARA DE SUS CUALIDADES Y ME LO TRAGARA TODO..."
Me cago en diez!

18 Junio 2006

El tránsito de la adolescencia a la madurez es un proceso arduo, en ocasiones penoso y a menudo parco en sexualidad, entendiendo por sexualidad aquello que vaya más allá del trío falange-falangina- falangeta, del cinco contra uno o del chascarrilo italiano que reza : "Federica, la mano amica".
Yo contaba con casi 17 anos por aquel enconces, diciembre del 97, aquella en la que aborrecimos el anuncio de "hola, soy Edu, feliz Navidad". Solía escribir versos becquerianos cuando terminaba los deberes, poemas y poemas dedicados a una tal Raquel, a quien por supuesto jamás se los di en mano. Nunca he sido hombre de una sola mujer, sobretodo cuando la mujer que me gustaba me daba largas. Así que me empezó a gustar otra chica, también llamada Raquel. Afortunadamente podía practicar cierto tipo de "poesía multipropiedad", ya que para más inri las dos eran morenas y tocayas. Al cabo del tiempo una se tinó el pelo de un color burdeos horroroso, como de cordero lechal degollado. Luego todo vino de seguido: mi primer beso, los virajes de la poesía bucólica y virginal a la prosa crítica y descarnada, así como mi falta de imaginación para encontrar rimas consonantes más allá del "mechas color burdeos hacen tus cabellos feos".
Podréis suponer que el acné, la fimosis, la poca calada que la seducción de corte intelectual tenía en adolescentes histéricas fans de los Back Street Boys ( que pudiera traducirse, no sin desviarnos sustancialmente, por "los chicos de la acera de enfrente"), la negativa de los chinos de la tienda de todo a cien a venderme videos porno y el escaso disfrute que las interviú del peluquero me brindaban una vez cada tres meses, convertían mi vida sexual en un abismo crónico, angosto y profundamente sombrío.
Aun con todo no me rendí. Empecé a salir los fines de semana con mis amigos. Lógicamente tenía hora de llegada a casa y no llevaba gafas porque tenía complejo, así que me sentía como un híbrido entre Cenicienta y Rompetechos. Aunque ni siquiera llegaba a lo primero porque el toque de queda estaba fijado a las 10 y media pe eme.
Sábado 2 de enero de 1998, calle Moncasi, Zaragoza, bar J.B. Mi vestuario no era demasiado acertado: unos pantalones Carrera Jeans Tassoni color menstruación, conjuntados con una camiseta de licra de manga larga con la palabra "cyber- tranx" hilvanada en las mangas, apestando a Jacq´s y aclarando cada cinco minutos que no era el sarampión, sino los cortes con la Wilkinson Sword, lo que provocaba aquella textura en mi mentón. Ni siquiera en Salerno existiría por aquellas fechas un look más hortera. Yo rayaba el límite, era lo hortera con hache intercalada.
Voy a intentar resumir todos los puntos de la jugada para que el relato no se eternice:
1.: Grupo de chicas a la derecha.
2.: Amigos bebiendo cerveza,en círculo.
3.: Alarde seductor: le pregunto a Óscar, un amigo, si me presta su vaso de cerveza. "Quiero hacer como si bebo aunque no trague una sola gota, quiero impresionarla"
4.: Con los labios impregnados de espuma de cerveza ataco mi primer objetivo, la chica más cercana, la primera a la derecha.
5.: No me presta más atención que los jueces a Ramón Sampedro. Me siento hundido en mi propia mierda, mierda que a esas alturas de round parece arenas movedizas.
6.: Ataco a la siguiente. Ahora realmente elijo, descarto a la segunda a la derecha porque su envergadura es la propia de un coche capaz de aparcar en primera y doble fila sin cruzarlo en el aparcamiento. Aclarado que esa mujer era más fácil de ser saltada que rodeada llego a mi objetivo: Marta Gómez Pérez, estudiante de B.U.P., quien me enternece con su níveo rostro, su atenta escucha y su dulce perfume.
7.: "Puedo regalarte una rosa?", le pregunto en tono pastelón, no reparando en que las sorpresas van más allá del "toma dinero y cómprate algo por tu cumpleanos"
8.: "Sí", me responde, frunciendo el ceno pero sin dejar de sonreír.
9.: "Entonces espérame aquí, que voy a buscar a una de esas chinas que las venden y regreso pronto"
10.: Regreso al cabo de media hora y no hay rastro de Marta.
He aquí la jugada del fracaso del inocentón con poluciones, del enamorado de la rima consonante. Ahí van unos versos para ti, Poeta, ente devaluado que le escribe al amor sin jamás haberlo catado.
Las chinas huyen con su flor en oferta,
envuelta en plástico para amantes ramplones
que no le echan un par de cojones
y al fin la ilusión marchita, la rosa muerta.
De todos modos a veces el destino se apiada de ti, tu ninfa se esfuma pero sus amigas no solamente siguen bailando en ese corro sin la mujer que deseas, sino que además te reconocen y ejercen de Celestina. Así pues, consigo una cita con Marta a las 9 de la noche del sábado 9 de enero del... 98.
La semana del 3 al 9 fue la más prolífica de mi abundante y estrepitosamente fracasada trayectoria como poeta, cursi como las películas de Rafael. Contaba los días, las horas, los minutos. Estaba mentalizado para hacer un buen partido. Como soy puntual, aparecí en el bar J.B a las 7 y media, siquiera para tener un amplio margen de localizar a esa china de los cojones que vendía rosas pero que no estaba a la vista cuando yo más la necesitaba... La indumentaria elegida suponía un claro avance: pantalón vaquero y camiseta de manga corta. Sencillo, como Julio Iglesias posando para Hola, con menos entradas y menos tablas en el asunto.
El hecho de no llevar gafas hacía que viera en todas a Marta... cuando en realidad no era así. Del mismo modo que las avestruces no reparan en lo ridículo que es ser vistas metiendo la cabeza bajo tierra aunque no repares en tu entorno, ridículo es que un miope entrecierre los ojos, con cara de estrenido, para ver siquiera las marcas de tabaco de la máquina expendedora que dista 3 metros de donde yo me encuentro. No veo tres en un burro pero soy todo yo, Poeta devaluado, un burro en tres dimensiones.
Llega la hora, me impaciento, nadie llega. Mis amigos hacen mofa y también porra para pagarme una puta en la calle del Caballo. Al final me dan una colleja y me dejan sin puta cuando les pregunto si puedo pedirle rollo a la meretriz. Romanticismo devaluado, como el putero que lleva el desayuno a la cama a su concubina esporádica. Me cago en diez! Esto no es Pretty Woman!
Pero la banca salta, la sorpresa me pilla desprevenido, nada puedo hacer a una hora tan simétrica, a las 9 y 9 minutos del sábado 9 de enero... Una de sus amigas, una tal "Verónica", se dirige hacia mí y me dice que Marta me espera. Me coge de la mano y me lleva hasta el fondo del bar, ante la mirada atónita de mis amigos.
Marta me aguardaba junto a un espejo haciendo esquina con el retrete, hermosísima, con esos ojos color miel Granja San Francisco y esos labios de fresa Bretona, esos pechos- melón de Villaconejos y esa tez cetrina de tocino de cielo. Toda ella dulce, rezumando candor e inocencia. Casi como yo. Parecía también su primera vez.
Nos dimos la mano. Tardé un poco en coger el truco a esto de entrelazar los dedos, cuando lo único que los había entrelazado hasta la fecha eran bolsas de Sabeco repletas de comida. Nos dirigimos hacia la parte opuesta del bar, nos miramos con la duda de quién tomaría la iniciativa tatuada en nuestros rostros de sonrisa temborosa, de movimientos descoordinados, de boca trémula que se entreabre, de cuello que dribla la testa ajena, afrontando el impacto final entre dos paladares que se ansían, que se desean, pero que no saben por dónde rematar.
Así que el balón se estrella contra la barrera, como quien dice. El choque de dientes resuena como los tambores de Calanda en Semana Santa. Pero al cabo de tres o cuatro mazazos consigo entrar de lleno y nos abrazamos. Mi candidez impide que el erotismo vaya más allá de acariciar su cinturón, como si fuera José Bonaparte abrazando un botijo de tintorro.
Cambiamos de bar, nos besamos con una canción de Jarabe de Palo. Hasta que apareció una jodida amiga de los cojones, colgada del brazo del novio, que no tenía mejor momento para contarnos su vida. La cuenta atrás seguía su veloz discurrir y quedaban 32 minutos para el toque de queda. A Marta le dejaban quedarse hasta las 11, así que era complicado inventar una excusa para desaparecer antes de tiempo sin que ella sospechara cierta inquisición materna.
Salimos a la calle. Yo me siento estúpido, entre tres personas que dialogan y me ignoran. Mientras la pareja de novios tocapelotas dialogan con Marta, tan sólo el cordón umbilical de nuestras manos entrelazadas me hace ser consciente de estar unido a una realidad que me es hostil y punetera. Pronto la situación se torna aún más surrealista. Viene un jincho a pedirme tabaco. Como no tengo, me saca un cortaunas y me pide dinero. Le doy lo que tengo, disimuladamente, introduciendo la mano derecha en mi bolsillo mientras la izquierda sigue unida a Marta, quien sigue embelesada en aquella charla con la pareja de los cojones.
La situación riza el rizo, como quien dice, cuando el jincho, dinero en mano, cambia de bando y saluda a Marta con un efusivo abrazo. Al poco desaparece, también la pareja tocapelotas, y todo me parece un enredo típico de una versión cutre del film "el golpe".
Nos besamos junto a un contenedor de basura, en la esquina de la calle Moncasi con otra cuyo nombre no recuerdo.
"Mirad, es el delegado! " dice un chico desde el otro lado de la calle.
"Oh, sí, es el delegado!"
"Sigamos al delegado!"
Sólo me faltó perder el zapato cuando puse pies en polvorosa, arrastrando literalmente a Marta por la calle, para que vieran mis companeros de clase un signo en todo aquello, signo a la sazón más propio de la vida de Brian que de la vida del delegado... Vida privada asaltada sin piedad por jinchos inoportunos y companeros indiscretos...
Llegamos a su portal a las 22:25, a kilómetro y medio de mi casa. Invento la excusa de que tengo que encontrarme con otros amigos y que prefiero dejarla antes en casa porque de lo contrario se quedaría colgada. Sorprendentemente no pone pegas a mi voluntad, pero tan pronto suena la puerta al cerrarse empiezo a correr como un descosido, incluso por el carril de los taxis. Tras batir el récord de la milla nocturna en zapatos y calcetines a cuadros, llego a casa sudoroso y a tiempo, rozando las 22:31. No hay castigo.
Al día siguiente tengo excursión con el club ciclista. Los dejo a todos clavados cuando el terreno se empina. Se nota a kilómetros que algo, que alguien, me motiva. Veo los pezones de Marta en cada vértice geodésico de esos montes pelados que rodean Zaragoza. Después de 50 kilómetros de infierno regreso a casa y decido llamarle desde una cabina. Nueva muestra de Poeta fracasado e inocente, conversación que reproduzco íntegra. Ejemplo práctico de qué no hay que hacer con una chica si no queremos que la chica piense que somos gilipollas...
-FRACASADO: "Hola Marta, qué tal?"
-MARTA: "Bien, y tú?"
-FRACASADO: "Todo en orden. Te llamo para saber si puedo llamarte manana a eso de las 3 y cuarto de la tarde"
-MARTA: Ok
-FRACASADO: Entonces te llamo manana. Un beso.
Estoy en racha, quedo con mis amigos en la plaza mayor del barrio a las 5 de la tarde y entro corriendo y haciendo el avioncito, como si fuera Ronaldo... aunque al final la vida, el destino, transfigurado en Ronaldo - cabrón, me haría un calvo y me pondría los dientes largos...
LLega el lunes 11, en el colegio hay diez minutos de reflexión por la manana. La da el profesor de filosofía, el senor Tartaj, un tipo jocoso que desde aquel día dejó de caerme tan bien...
"Aquí tenemos a nuestro ínclito delegado... Me ha dicho un oajarito que quien la sigue la consigue... Sirva su beso como ejemplo de constancia, en relación con esta semana 34 de tiempo ordinario..."
Me cago en el nuevo testamento. El inoportuno profesor jocoso debería de ir escribiendo un nuevo testamento para él porque dentro de mí saltaban chispas y el fin de sus días parecía estar cercano... Pero me contuve. Por otra parte, ambas Raqueles, la sin mechas y la desgraciada por las mechas color burdeos que tornan los cabellos feos, deberían de estar celosas. Ya no habría más versos para ellas. Ahora sólo tenía una ninfa, una mujer que les daba mil vueltas...
Ha llegado a mi vida una tal Marta,
así que ahora, so guarra, aparta.
Lo bucólico se perdió para siempre. Precisamente porque a las 3 y cuarto de la tarde, cuando le llamé y me respondió al decimocuarto pitido, me propuso que fuéramos sólo amigos.
El primer beso de mi vida fue un choque de dientes. La primera relación que quise mantener supuso un choque de caracteres incompatibles. Me sentí Steve Urkel seduciendo a Laura Winslow... fracasado, con cerebro pero sin experiencia... Hundido en mi propia mierda, una vez más.
Me cago en diez!